Lluís Benítez, oncólogo veterinario: “El cáncer es la causa de muerte de la mitad de los perros de más de 10 años” y la oncología animal va “20 años atrás” por razones logísticas y financieras

02/11/2026 / General

Lluís Benítez, oncólogo veterinario: "El cáncer es la causa de muerte de la mitad de los perros de más de 10 años" y la oncología animal va "20 años atrás" por razones logísticas y financieras

Hace no tanto, que a tu perro o a tu gato le diagnosticaran un cáncer acababa en la mayoría de los casos en eutanasia, pero la oncología veterinaria ha avanzado mucho y el vínculo con los animales lleva a muchos tutores a buscar tratamiento. Así lo explica Lluís Benítez, responsable del Servicio de Oncología del Hospital Veterinari Montjuïc de Barcelona, asegura en una entrevista que “el cáncer es la causa de muerte de la mitad de los perros de más de 10 años”.

Más años, más tumores. Benítez cuenta que su especialidad está en auge porque nuestros compañeros domésticos viven cada vez más gracias a los avances de la medicina veterinaria, y al vivir más años la incidencia de tumores aumenta. A esa longevidad se suman un mayor conocimiento de los tumores y mejores herramientas para diagnosticarlos y tratarlos. Pero también ha cambiado la percepción social, tanto del valor sentimental que les damos a los animales como de la propia palabra “tumor” entre los tutores.

En cuanto a las cifras, el oncólogo sostiene que la mitad de los perros de más de diez años muere de cáncer y que uno de cada cuatro animales de compañía que fallecen lo hace por causas relacionadas con tumores. Eso sí, la Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA) lo formula de otra manera en su guía sobre el cáncer en las mascotas, donde calcula que uno de cada cuatro perros desarrollará cáncer en algún momento de su vida y que ese riesgo sube a uno de cada dos a partir de los diez años. Vamos, que la AVMA habla de cuántos perros lo desarrollan, no de cuántos mueren por él.

Los tumores más habituales. En los perros, los tumores más frecuentes son los de piel y, dentro de ellos, sobre todo los mastocitomas, que según el Animal Medical Center de Nueva York son el tumor maligno de piel más común en esta especie. Benítez añade los linfomas y los sarcomas como otros cánceres habituales en perros, y en cuanto a razas ve una clara predisposición en labradores, golden retriever y bóxer, que el mismo centro neoyorquino incluye entre las de mayor riesgo de mastocitoma.

En los gatos, lo que más se ve en consulta son los linfomas, sobre todo los que afectan al aparato digestivo, que es la localización más habitual de este cáncer en felinos según una revisión publicada en Clinician’s Brief. Detrás van los tumores de piel como el carcinoma de células escamosas, que una revisión sobre electroquimioterapia en gatos sitúa entre las neoplasias más frecuentes y agresivas de la especie. Entre las razas felinas, Benítez destaca a los siameses y, de hecho, la revisión de Clinician’s Brief también recoge que están sobrerrepresentados entre los gatos con linfoma.

Más allá de la genética o el ambiente, el veterinario recuerda que, al igual que pasa en las personas, la inflamación crónica predispone a los tumores, y pone como ejemplo las enteropatías crónicas, procesos inflamatorios del intestino que relaciona con los linfomas digestivos. Pero conviene tomarlo con cierta cautela, porque en gatos esa relación aparece como hipótesis en la revisión de Clinician’s Brief, de 2015, que explica que la frecuente coincidencia entre enfermedad inflamatoria intestinal y linfoma digestivo ha llevado a postular un papel de la inflamación en su aparición.

Síntomas poco claros. Detectar un cáncer a tiempo no siempre es sencillo. Y es que, salvo que el tumor sea externo y se vea o se note al tacto como un bulto, los signos suelen ser inespecíficos, como comer menos o perder peso, a veces con vómitos o diarreas, unas señales de alerta que también recoge la guía de la AVMA. En los gatos, además, Benítez señala que es frecuente que se escondan en sitios poco habituales y que se relacionen menos con su tutor, aunque ninguno de estos signos asegura por sí solo que haya un cáncer, ya que también aparecen en otras enfermedades.

Tratamientos según el tumor. Según Benítez, en veterinaria se dispone de los mismos tipos de tratamiento que en medicina humana, desde la cirugía y la radioterapia hasta la quimioterapia convencional, la electroquimioterapia o la inmunoterapia, y la elección de cada uno depende del tumor y de su estadio.

El oncólogo agrupa además la mayoría de los tumores en tres familias. Los de células redondas suelen originarse en células de la sangre y se tratan sobre todo con quimioterapia y cirugía, mientras que los mesenquimales nacen en los tejidos que dan forma y estructura al cuerpo, como el hueso, el músculo, el cartílago o el colágeno, y se abordan sobre todo con cirugía y radiación local, añadiendo quimioterapia en función del riesgo de metástasis. Los epiteliales, por su parte, proceden de glándulas o epitelios como los de la mama, el páncreas, el intestino o el tiroides, y se tratan con cirugía y quimioterapia para prevenir metástasis.

Que un tumor se quede en su sitio o se extienda depende del órgano en el que se origina, del tipo de tumor y de su agresividad. Hay tumores localmente agresivos que necesitan terapias locales potentes, mientras que otros con capacidad de hacer metástasis requieren quimioterapia además de la intervención.

Efectos secundarios y cuidados. Los efectos secundarios son una de las grandes preocupaciones de los tutores, y Benítez cifra en torno al 30% la probabilidad de sufrirlos, con menos del 1% de casos muy graves que obligan a ingresar al animal. Son cifras que no encajan del todo con otras referencias, ya que el oncólogo veterinario David Vail estimaba en una ponencia de 2009 recogida por dvm360 que menos de uno de cada cuatro animales sufre efectos molestos y que alrededor de un 3-5% tiene efectos graves que acaban en hospitalización. Los más habituales son los digestivos, como las náuseas, los vómitos, la diarrea o la falta de apetito, y los hematológicos, con bajadas de defensas o de plaquetas. Pero perros y gatos no suelen perder el pelo, aunque a los gatos sí se les pueden caer los bigotes, algo que también recogen las preguntas frecuentes de MedVet sobre quimioterapia.

Durante el tratamiento, el animal se cuida como a cualquier otro paciente y no hay restricciones evidentes en su día a día, ya que, según el veterinario, en la mayoría de los casos son pacientes terminales con tratamiento paliativo y se busca que vivan como antes de enfermar. Las limitaciones dependen del tumor, con reposo moderado si es óseo y nada de ejercicio si es pulmonar. En la comida se busca una dieta apetecible y calórica, porque suelen gastar más energía y tener menos apetito, lo que les lleva a perder peso. Existen alimentos formulados para ello y, si se cocina en casa, Benítez recomienda que lo supervise un nutricionista y avisa de que el exceso de comida humana puede alterar su aparato digestivo.

Cuando no hay cura, siempre se intentan los cuidados paliativos mientras el animal tenga calidad de vida, algo que en su servicio valoran en cada consulta con un pequeño cuestionario al tutor. Los paliativos se centran en controlar el dolor y en tratar las molestias digestivas con antieméticos o probióticos, y a menudo se suman estimulantes del apetito, buscando un equilibrio entre calidad de vida y número de fármacos. Para el momento más difícil, Benítez recuerda el consejo de un profesor, que proponía pedir a los tutores una lista con un número impar de cosas que su perro o gato adoraba hacer antes de enfermar y plantear la decisión cuando el animal hubiera dejado de hacer la mitad.

Sobre el futuro, Benítez lo tiene claro: el de la oncología veterinaria es el presente de la humana, las terapias dirigidas, que pasan por secuenciar el tumor para encontrar la mutación que lo causa y contar con un fármaco capaz de bloquearla. Pero reconoce que en veterinaria “vamos 20 años atrás en todos los aspectos, por razones logísticas y financieras”, porque secuenciar un tumor y tratarlo con el fármaco adecuado sigue teniendo un coste prohibitivo. Con todo, asegura que hay más financiación para estudios y más oncólogos trabajando para recortar la distancia con la oncología humana.

Foto | Ben Moreland

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Lluís Benítez, oncólogo veterinario: “El cáncer es la causa de muerte de la mitad de los perros de más de 10 años” y la oncología animal va “20 años atrás” por razones logísticas y financieras

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