Hay días en los que la bicicleta del gimnasio se hace eterna. Miramos el tiempo, volvemos a mirar y apenas ha pasado un minuto. Entonces suena esa canción que nos sabemos de memoria y nos apetece seguir un poco más. Esa sensación tan cotidiana ha llevado a un equipo de investigadores a comprobar cuánto puede ayudarnos nuestra música cuando el entrenamiento se pone cuesta arriba.
En un estudio de la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia, 29 adultos físicamente activos hicieron dos pruebas de bicicleta hasta el agotamiento: una con música y otra en silencio. Con canciones, aguantaron 35,6 minutos de media, frente a los 29,8 minutos sin música. Son casi seis minutos más, una diferencia cercana al 20%. Y, aunque estuvieron más tiempo pedaleando, terminaron con una sensación de esfuerzo similar, según el estudio de Andrew Danso y sus colaboradores, publicado en Psychology of Sport and Exercise.
“Nuestros hallazgos sugieren que la lista de reproducción adecuada puede hacer que las sesiones exigentes resulten más llevaderas y agradables”, explica Danso, investigador del centro de Música, Mente, Cuerpo y Cerebro de la universidad de Jyväskylä.
Por qué una canción puede ayudarnos a seguir
Costas Karageorghis, profesor de psicología del deporte y el ejercicio en la Universidad Brunel de Londres, lleva años estudiando esta relación: “La música proporciona una señal externa y reduce la cantidad de atención que podemos dedicar a las señales internas”. Mientras escuchamos una canción, parte de nuestra atención se aleja de las sensaciones del ejercicio.
El equipo de Danso apunta en esa dirección al interpretar sus resultados. “En el ciclismo de alta intensidad con una carga fija, la música elegida por los propios participantes aumentó la tolerancia al ejercicio sin elevar el esfuerzo al finalizar”.
Eso no significa que el cuerpo trabajara menos. El gasto energético total fue mayor al prolongarse la sesión, aunque el gasto por minuto no cambió significativamente. Además, el estudio midió el esfuerzo percibido al terminar, de modo que no permite saber cómo fue cambiando esa sensación durante toda la prueba.
Elegir canciones que nos gusten es un buen punto de partida
La música no solo puede influir en el rendimiento, también en cuánto disfrutamos entrenando. En una investigación de Matthew Stork difundida por la Universidad de Columbia Británica , 24 personas poco activas probaron sesiones de intervalos intensos con música motivadora, con un pódcast y sin audio. Los que entrenaron con música fueron los que tuvieron un mayor nivel de satisfacción de la sesión, y también registraron mayor frecuencia cardíaca y potencia máxima.
Stork, entonces investigador posdoctoral en ciencias de la salud y el ejercicio, apuntaba: “La música puede ser una estrategia práctica para ayudar a las personas insuficientemente activas a aprovechar más sus entrenamientos HIIT e incluso fomentar la participación continuada”.
Esa posibilidad de querer repetir interesa especialmente a quienes empiezan con ganas y van dejando el gimnasio. Por ahora, el ensayo finlandés comprobó lo que sucedía en una sesión por condición. Falta saber si esa ayuda se mantiene semana tras semana y acaba mejorando la constancia o la forma física.
Foto | Frank Cone
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Hacer deporte a partir de los 50 está muy bien, pero los expertos coinciden en que entrenar con música no te hace más fuerte, sino que ayuda a tu cerebro a tolerar el esfuerzo más tiempo
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Alba Flores lleva dos décadas consolidándose como una de las caras más reconocibles del cine y la televisión española, con una carrera entre la interpretación y la música. En su paso por Lo de Évole habló de su padre, de su familia y de su manera de entender la vida. Pero una de las escenas más comentadas tuvo lugar en la cocina de su casa, teléfono en mano, preparando el cocido madrileño que le hacía su madre, Ana Villa, cuando era niña.
Una receta dictada por teléfono
LaSexta emitió la entrevista hace unos meses en una doble entrega el pasado enero, justo un día después de que el documental sobre su padre Flores para Antonio se llevara el Premio Feroz al Mejor Documental. A lo largo del programa, Alba repasó su infancia, se reunió con su madre y compartió desayuno con su prima Elena Furiase. El público respondió con buenas audiencias: la primera parte consiguió 1.070.000 espectadores y un 8,1 % de cuota, y la segunda 975.000 con un 8,6 %.
En mitad de esa conversación, Alba llamó a su madre para que le fuera dictando la receta paso a paso: “Tú dime cómo lo haces tú, que yo lo adapto a vegano”, dijo por teléfono. El cocido de su madre parte de una base sencilla y sin artificios: punta de chorizo, zanahoria, patata, puerro, nabo, apio y repollo, todo sin rehogar y directo a la olla con agua.
La salsa que lo hace distinto
El sello de la casa no está en la olla, sino en una salsa que se prepara aparte. Se hace con tomate hervido y pelado, majado con ajo y comino, al que se incorpora caldo del propio cocido, aceite, vinagre y un toque de hierbabuena. El resultado es un aliño fresco y ácido que contrasta con la contundencia del guiso.
La receta encuentra sus raíces en la tradición madrileña. La salsa de tomate con comino es un acompañamiento clásico del cocido que antaño se usaba para regar los garbanzos, y se sirve con el nombre de “cominera” en muchos restaurantes de la capital.
La aportación propia a la receta fue la hierbabuena y el vinagre, que convierten un acompañamiento castizo en una receta propia. La receta también entra en el ritual clásico de los tres vuelcos del cocido: sopa, garbanzos con verduras, y carnes y embutidos. Esta es una costumbre cuya historia recoge Distribución y Consumo, la revista del Ministerio de Agricultura.
Cómo convertirlo en un plato vegano
Para suplir el sabor del chorizo y el jamón, la actriz explicó en el programa que recurre a chorizo vegano y a otros productos vegetales con saborizantes que aportan intensidad al caldo. El resultado es una receta que ya se ha publicado ampliamente, aunque también se recuerda incluir dos gestos que marcan la diferencia: poner los garbanzos en remojo la noche anterior y dejar reposar el plato antes de servirlo.
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Alba Flores, y el cocido madrileño de su infancia: con una salsa de hierbabuena que hacía su madre
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Caminar es un hábito muy recomendable después de los 60, pero a la hora de conservar fuerza y masa muscular puede quedarse corto. Así lo plantea José Ruiz, entrenador y CEO de Malagaentrena, según recoge la revista Clara. Además de caminar, Ruiz recomienda trabajar de forma específica lo que se necesita a diario: subir escaleras, cargar objetos, mantener el equilibrio y levantarse del suelo.
El motivo es la adaptación. “Con el tiempo tu organismo se adapta a caminar”, señala el entrenador, y un estímulo que se repite siempre igual acaba dando menos de sí. Por eso aconseja sumar entrenamiento de fuerza. Su frase resumen: “Caminar mantiene tu cuerpo en movimiento. La fuerza ayuda a conservar la capacidad para seguir moviéndolo”.
Para las piernas propone sentadillas (hasta una silla, con apoyo o con recorrido parcial según la movilidad), bisagras de cadera como el peso muerto y subidas a un escalón para ganar estabilidad. Para el tren superior, empujes y remos, desde flexiones contra la pared hasta mancuernas o bandas elásticas. La rutina se completa con elevaciones de talones para gemelos y tobillos y con core: dead bug, bird-dog, paseo del granjero y planchas. La progresión, insiste, ha de ser gradual y con la técnica por delante de la carga.
Ruiz ya había dado una lista parecida. En un artículo de Metabolic, la reducía a diez ejercicios para mayores de 50, con un criterio muy práctico: elegir movimientos que se parezcan a lo que hacemos en casa, como sentarse y levantarse, recoger algo del suelo o cargar peso.
La evidencia va en la misma dirección. Un metaanálisis publicado en 2025 en Geriatric Nursing, con 28 estudios y 2.582 personas mayores de 65 años con sarcopenia (la pérdida de masa y función muscular que trae la edad), concluyó que las intervenciones basadas en resistencia fueron las más eficaces para mejorar el rendimiento físico y la fuerza de agarre.
En cuanto a la dosis, para los mayores de 65 años las recomendaciones del Ministerio de Sanidad piden al menos dos días a la semana de fortalecimiento muscular que incluya los grandes grupos musculares, dentro de una actividad multicomponente que priorice la fuerza y el equilibrio funcional, algo que mejora la calidad funcional y ayuda a evitar caídas. Los dos o tres días de Ruiz encajan con ese mínimo.
Un ensayo aleatorizado con 34 mujeres de más de 60 años con sarcopenia comparó entrenar dos o tres veces por semana durante doce semanas, con ocho ejercicios de cuerpo entero, y las dos pautas mejoraron la fuerza y la masa muscular sin diferencias entre ellas. Es un estudio pequeño y con un perfil concreto.
Qué cabe esperar lo cuenta una revisión Cochrane de 121 ensayos con 6.700 participantes sobre entrenamiento de fuerza progresivo en personas mayores: mejoró de forma moderada a grande la capacidad de levantarse de una silla y, de forma modesta, la velocidad al caminar (0,08 metros por segundo). Los eventos graves fueron raros, aunque las molestias musculares y articulares, como las agujetas, aparecieron en muchos de los estudios que las midieron.
Antes de empezar, el Manual MSD indica que las personas mayores deben ser evaluadas por su médico para detectar trastornos del corazón y limitaciones físicas, porque algunos trastornos cardiacos, la tensión arterial alta o la diabetes no controlada pueden hacer peligroso el ejercicio, y la artrosis puede dificultarlo. Para la fuerza, sus pautas son empezar con cargas ligeras (bandas elásticas, pesas de un kilo o levantarse de una silla), subirlas según la tolerancia y hacer entre 12 y 20 repeticiones; con pesas más pesadas y pocas repeticiones sube el riesgo de lesión sin beneficio suficiente. Si aparece dolor en el pecho o mareo, se para y se busca ayuda médica.
Un metaanálisis en red de 151 ensayos con 6.306 adultos de 60 años o más, publicado en Sports Medicine en 2025, concluyó que un volumen bajo de entrenamiento de fuerza mejora de forma importante la función física de los mayores sanos y favorece la masa magra y el tamaño muscular, aunque para ganar más fuerza parece necesario un volumen más alto. Sus autores proponen que las futuras guías recomienden volúmenes bajos, sobre todo para mayores físicamente sanos.
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José Ruiz, entrenador: “Si queremos conservar masa muscular después de los 60 necesitamos más que caminar: hay que entrenar fuerza con sentadillas, remos o trabajo de core”
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