Después de un día largo, ponerse a preparar una cena completa puede acabar convirtiéndose en una tarea bastante complicada, sobre todo cuando lo que apetece es algo rápido y con ingredientes sencillos. Y para esos días precisamente, Celia García de The Fit Bowl ha compartido una receta de huevos fritos con patatas, gambones al ajillo y sucedáneo de angulas.
García es técnica en nutrición y dietética con formación en nutrición deportiva, y asegura que con esta propuesta se resuelve la cena en menos de 20 minutos. Su receta reparte el trabajo entre el microondas, el horno y la sartén, de manera que cada ingrediente se va haciendo mientras preparamos el siguiente.
Una cena completa, rápida y además deliciosa
Todo empieza con unas patatas preparadas para microondas, que sólo necesitan siete minutos para estar listas. Luego vamos a pasarlas a una bandeja de horno cubierta con papel vegetal, donde las chafaremos con un vaso y aliñaremos con aceite de oliva, sal y pimienta.
El horno tiene que estar ya caliente a 220°C, y debemos dejar dentro las patatas unos cinco minutos, el tiempo justo para que se doren mientras nos ocupamos de la parte principal del plato. Vamos, que mientras se van haciendo nosotros seguimos con lo demás.
Mientras se hacen las patatas, García dora unas láminas de ajo en aceite en una sartén y después añade las colas de gambón. Cuando están hechas, llega el turno del sucedáneo de angulas, que vamos a ir removiendo con el resto durante unos minutos para que todo se integre. La receta incluye además un toque de cayena picada, que es la que le da el punto picante.
También vamos a ir friendo los huevos, que son los que rematan el plato. El resultado reúne en una misma bandeja las patatas doradas, los gambones al ajillo, el sucedáneo de angulas y los huevos fritos, una combinación que sustituye a otras más habituales con el huevo, como la del jamón.
La autora la presenta como “una cena completa, rápida y además deliciosa”, pensada para los días en los que va justa de tiempo. De hecho, destaca lo sencilla que resulta, ya que buena parte de los ingredientes apenas necesita unos minutos de preparación antes de juntarlos en el plato.
Y la recomienda sobre todo para las jornadas más ocupadas, con una promesa bastante rotunda: “Esta receta te va a salvar más de un día”.
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En Vitónica | La sorprendente receta de Angelina Torres para vivir 112 años: “un helado al día”
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Una técnica en nutrición recomienda: los huevos más ricos para cenar no llevan jamón, sino gambones al ajillo
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Comprar un par de lomos de salmón para la cena parece sencillo hasta que toca pedirlos en la pescadería. Surgen dudas sobre cuánto llevarse o si tocará quitar espinas en casa. A poca distancia podemos tener la bandeja del supermercado con una porción de salmón ya pesada, limpia y con su precio final. Más facilidad por un lado, pero realmente, ¿hasta qué punto puede ser la mejor opción?
Noelia, conocida en TikTok como Noe la peskaera, habla sobre esta situación en uno de sus vídeos. Su crítica al producto preparado es contundente: en el supermercado “te clavan un dineral solamente por estar elaborado”, afirma.
La profesional defiende los precios y la calidad del pequeño comercio, también en carnicerías y fruterías, y anima a perder el reparo a preguntar. La comparación de precios, eso sí, necesita algo más que mirar el cartel. Un kilo de un pescado entero incluye partes que se retirarán al limpiarlo, mientras que un kilo de lomos contiene mucha más porción aprovechable.
La comparativa de la OCU al respecto permite concretar esa diferencia. La investigación recogió precios de cuatro pescados en diez cadenas de supermercados. Tras descontar la merma, encontró que la dorada fileteada en bandeja costaba alrededor de un 27% más y la lubina, un 45% más respecto a la sección con personal.
Sin embargo, al comparar pescados como la merluza y el salmón, al comparar cortes equivalentes las diferencias fueron mínimas. La conclusión es que el ahorro depende del pescado y del corte.
Si se elige pescado fresco, interesa pensar también en el regreso a casa. Las indicaciones de conservación de la AESAN aconsejan comprarlo al final del recorrido, solicitar que quiten las vísceras y utilizar una bolsa isotérmica siempre que sea posible. Una vez en casa, hay que refrigerarlo o congelarlo cuanto antes; si va a la nevera, mantenerlo por debajo de cuatro grados y cocinarlo pronto.
Foto | @noelapeskaera
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Noelia, pescadera: “En los supermercados te clavan un dineral solo por estar elaborado, en la pescadería de barrio hay mejores precios”
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Luisa tiene 101 años y, entre los secretos de su longevidad, pone la alimentación por delante de todo: “Antes comíamos todo fresco, nada de cajitas”. Así lo contó en una entrevista con Alberto Herrera para ‘Herrera en COPE’, que se emitió desde la residencia San Juan de Dios de Sevilla en la que vive.
La charla formaba parte de la programación especial ‘Vivir más años, ¿vivir mejor?’, que se pregunta no sólo cómo alargar la vida, sino cómo hacerlo con calidad y cómo se prepara el mundo para esta nueva realidad.
Y es que la esperanza de vida ha crecido más de 30 años en el último siglo, algo que en España muestran las tablas históricas de mortalidad del INE. Eso, sumado al descenso de la natalidad, nos lleva a una población cada vez más envejecida, según reflejan las proyecciones de población del INE.
Lo que se recogía por la noche, en la mesa al día siguiente
Luisa se crio en un pueblo de Extremadura donde, según cuenta, todo se comía fresco. Lo que se recogía de la huerta por la noche se compraba al día siguiente, los huevos se consumían poco después de la puesta y la carne también llegaba pronto al mercado. “Comíamos al día”, resume la centenaria.
Lola, una de las trabajadoras del centro, de 26 años, también cree que esto es fundamental. “La alimentación ha cambiado, y cada vez hay más jóvenes con problemas digestivos”, afirmó en declaraciones que recoge el diario sevillano. Eso sí, se trata de su experiencia y de su percepción, y un testimonio por sí solo no permite saber hasta qué punto esa dieta explica que Luisa haya llegado a los 101 años.
Y la comida no lo es todo, porque Luisa también ha llevado una vida bastante activa. Una fractura de pelvis ha hecho que salga menos, por prescripción médica y por miedo, aunque cuenta que le gustaba mucho ir a la Plaza Nueva y sentarse allí. También ha ido mucho al cine y al teatro y ha viajado a menudo, con recuerdos especiales para una estancia en Pamplona y para Florencia, una ciudad que le gusta más que Roma.
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Luisa, 101 años: “Antes comíamos todo fresco, nada de cajitas”
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El Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, se apunta a los desayunos habituales y confiesa ser de ideas fijas en lo que a la primera comida del día se refiere. Lo explicó hace unos años en una entrevista de Madrid Contigo, en Telemadrid: “Normalmente tomo un café con leche, un poquito de pan tostado con aceite de oliva y un zumito de naranja”.
“Me gusta que la comida sea sana”, explicó en esa conversación, dejando clara también su preocupación por mantener una alimentación saludable.
Se trata de una opción de desayuno más que habitual para muchos españoles, aunque tiene su parte buena y su parte no tan buena.
Por un lado, el aceite de oliva es una buena elección para la tostada y está entre las grasas que recomienda la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. El organismo también aconseja dar preferencia a los cereales integrales. Si queremos preparar un desayuno parecido, pero mejorable, podemos empezar por escoger pan integral.
Con el zumo hay más margen de mejora, sobre todo si hablamos de un desayuno realmente saludable. Aunque exprimamos el zumo en casa, se pierde buena parte de la fibra de la fruta. Una naranja en gajos conserva más fibra y ayuda a saciarnos sin perder un ápice de calidad nutricional.
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Ángel Gabilondo, 77 años: “Suelo desayunar un café con leche, pan tostado con aceite de oliva y un zumito de naranja”
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Las cebollas son habituales en cualquier cesta de la compra, aunque no tengamos claro en qué momento las vamos a cocinar. Siempre hay un sofrito o una tortilla para darles salida, pero alguna acaba quedándose al fondo de la despensa más de la cuenta. Hasta que vamos a pelarla y descubrimos un tallo verde asomando por arriba.
La pregunta a si una cebolla germinada se puede utilizar o no, tiene una respuesta sencilla, y tal como afirma la nutricionista Deb Kennedy, se puede comer si sigue en buen estado, aunque es posible que su sabor sí se haya modificado: “Puede estar un poco amarga porque está envejeciendo”.
Al brotar, la cebolla utiliza parte de los azúcares que almacena en el bulbo para alimentar el nuevo crecimiento. Puede perder dulzor y humedad, y volverse más amarga o fibrosa, pero aunque el tallo verde llame mucho la atención, el cambio de sabor a veces apenas se nota, sobre todo cuando la cocinamos.
Lo fundamental es que si presenta buen aspecto, más allá de los tallos, puedes picarla para un sofrito o un guiso. Al mezclarse con otros ingredientes, ese posible amargor resulta menos evidente que en una ensalada.
El Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación, EUFIC, también señala que las cebollas germinadas pueden aprovecharse cuando las capas interiores siguen firmes y no hay moho, y recomienda quitar los brotes. Si al abrirla aparecen zonas podridas o una textura viscosa, o desprende un olor desagradable, hay que desecharla.
Para conservar las que quedan en la despensa, busca un lugar fresco y seco, apartado del sol y con ventilación. Mejor una cesta o una bolsa de malla que una de plástico cerrada. La cebolla cortada sí necesita nevera, en un recipiente cerrado.
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Los expertos en nutrición coinciden: las cebollas con brotes germinados son seguras para el consumo, pero pueden tener un sabor diferente
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Maribel Verdú, a sus 56 años, ha encontrado distintas maneras de encajar el ejercicio entre rodajes y viajes. Caminar para ir de un sitio a otro y llevar unas bandas elásticas en la maleta forman parte de los hábitos que ha contado en sus entrevistas. Pero su rutina también ha cambiado con los años, algo bastante familiar para quien intenta seguir entrenando cuando la agenda se complica o dejan de apetecerle las mismas actividades.
La actriz ha confesado en más de una ocasión haber sido una incondicional de las sesiones de yoga desde hace años, que combinaba con las caminatas y dos sesiones semanales de fuerza. Con el tiempo, cambió algunas disciplinas y aumentó los días de entrenamiento, aunque siguió moviéndose a pie en su vida cotidiana.
“Practico yoga desde hace un montón de años”, explicaba Verdú en una entrevista a Women’s Health en 2019. En esa misma conversación, explicaba sus largas caminatas y sus sesiones de entrenamiento: “dos veces por semana hago entrenamiento funcional de fuerza”. Para esas sesiones mencionaba una pelota de ejercicios, bandas elásticas y TRX, las cintas con las que se entrena en suspensión utilizando el peso del cuerpo. Incluso utilizaba ese material cuando estaba fuera de casa: “Esté donde esté”.
Con los años, la actriz ha ido variando su rutina, tal como explica en una entrevista realizada en 2025. “Sigo con el entrenamiento funcional, sigo musculando mucho, pero el yoga no”. Había cambiado el yoga por meditación y estiramientos, mientras mantenía la fuerza como parte central de sus sesiones.
La frecuencia también había cambiado: “Pues ahora con tres o cuatro días es suficiente”, respondió. Explicaba que antes se agobiaba si no entrenaba a diario y que después había encontrado una organización más flexible. Eso sí, seguía yendo andando a todas partes y llevaba bandas cuando viajaba.
Para quien quiere empezar a cuidarse con ejercicio, hay una parte muy aprovechable de ese planteamiento: reservar un espacio para la fuerza además de caminar. Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud incluyen trabajo muscular de intensidad moderada o superior, con los principales grupos musculares, al menos dos días por semana y entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada, o su equivalente vigoroso, de forma orientativa.
Las caminatas se pueden incorporar aprovechando trayectos que ya existen en la semana. Para quien lleva tiempo moviéndose poco se puede empezar con pequeñas distancias y aumentar poco a poco. La referencia inicial puede ser el recorrido que se tolera bien, ampliándolo a medida que resulta más cómodo.
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Maribel Verdú (56 años): “Hago yoga desde hace años, camino muchísimo, y un par de veces a la semana entreno con fuerza”
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Puede que con el paso de los años, te des cuenta de que ese ascenso que tanto anhelabas deje de compensar las horas que exige. O que decidas poner fin a esos planes a los que simplemente ibas por compromiso. Cambiar de preferencias al hacerse mayor puede ser algo desconcertante, sobre todo cuando toca reconocer que lo que antes ilusionaba ya no interesa tanto como antes.
El reconocido psiquiatra Carl Jung abordó esa dificultad en el libro ‘El hombre moderno en busca de su alma’, una recopilación de textos publicada en 1933. En esas páginas publicó la siguiente frase: “hay un proceso interno e implacable que fuerza a restringir su vida”.
Cuando las aspiraciones de la juventud dejan de servir
Carl Jung describía una situación vital que consideraba inevitable. Su preocupación era llegar a la segunda mitad de la vida esperando que las aspiraciones de juventud siguieran sirviendo para todo, cuando la realidad no era así. En ese mismo pasaje, dedicar atención a uno mismo aparece como “un deber y una necesidad” para quien envejece.
Este cambio de prioridades con la edad también se está estudiando desde la investigación actual. Un estudio de investigación elaborado por la Universidad de Standford, explica que cuando sentimos que el tiempo por delante es más limitado, tendemos a dar más valor a las experiencias que nos importan emocionalmente. Es la llamada teoría de la selectividad socioemocional.
Esa teoría explica, entre otras cosas, la preferencia por ver a un amigo cercano en lugar de conocer a más gente, aunque elegir con quién pasar el tiempo no equivale a querer quedarse solo. Tampoco obliga a renunciar a nuevos proyectos: se puede tener menos interés en ampliar el círculo de conocidos y seguir con ganas de apuntarse a aquel curso que siempre se fue dejando para después.
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Carl Jung, psiquiatra: “El hombre que envejece debería saber que hay un proceso interno e implacable que fuerza a restringir su vida”
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