Caminar todos los días es una de las formas más sencillas de mantenerse activo, pero quedarse únicamente con los paseos puede resultar insuficiente para conservar la condición física con el paso de los años. A medida que envejecemos, la pérdida progresiva de masa muscular puede comprometer nuestra fuerza, movilidad y equilibrio, tres capacidades fundamentales para mantener la autonomía.
Precisamente por eso último, los especialistas insisten en que el ejercicio cardiovascular debería acompañarse de un entrenamiento de fuerza adaptado a cada persona. Así, esto va más allá de desarrollar músculo o mejorar nuestra apariencia física, ya que hablamos de conservar capacidades que utilizamos constantemente como subir unas escaleras o levantarnos de una silla sin dificultades.
Cuántos días de fuerza y cardio necesitamos para envejecer mejor
Henrry Rodríguez, responsable del área de Fitness de ZEM Wellness Clinic Altea, defiende en su perfil profesional de LinkedIn que un entrenamiento orientado a la longevidad combina fuerza, potencia y resistencia y ajusta las sesiones a las características individuales. De esta forma, su planteamiento da importancia tanto a la condición física como a la recuperación, evitando considerar la intensidad como el único indicador de un buen entrenamiento.
En términos de frecuencia, la Organización Mundial de la Salud recomienda acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa. A esto, además, debemos añadir un mínimo de dos jornadas de fortalecimiento muscular que involucren los principales grupos musculares, una combinación súper interesante de cara a preservar nuestra salud a largo plazo.
En la práctica, lo ideal es distribuir entre dos y tres sesiones semanales de fuerza y complementarlas con caminatas a buen ritmo, bicicleta u otras actividades cardiovasculares. Así, mientras las pesas, las máquinas y los ejercicios con el propio peso corporal permiten trabajar la musculatura, podemos reservar tiempo para la movilidad a la vez que la recuperación facilita mantener una rutina adaptada a nuestras posibilidades.
Tampoco es necesario empezar con entrenamientos exigentes ni intentar cumplir todas las recomendaciones desde el primer día. Lo importante es aumentar progresivamente la actividad física y encontrar una distribución que podamos sostener durante años. La combinación de fuerza y cardio no persigue únicamente mejorar nuestro rendimiento actual, sino ayudarnos a conservar la independencia física conforme envejecemos.
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Los entrenadores coinciden: combinar dos o tres sesiones de fuerza con entre 150 y 300 minutos de cardio a la semana es clave para envejecer con salud
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María Luisa López Grigera ha cumplido cien años y, cuando le preguntan por sus hábitos, lo tiene bastante claro: verduras, lectura, conversar con su sobrina y una copa de albariño.
La catedrática emérita de Filología Hispánica de la Universidad de Michigan contó sus hábitos en una entrevista con ABC, describiendo una alimentación variada, con raciones pequeñas y presencia de proteínas animales y vegetales: “Como de todo pero en pocas cantidades, todo muy medido, sobre todo, proteínas animales y vegetales”.
Las verduras también tienen un sitio habitual en su mesa: “Consumo muchas verduras y cosas frescas”.
Aunque entre sus hábitos destaca uno que quizás no sea el más habitual “como buena gallega no falta mi copita de Albariño, que siempre ayuda, aunque ahora bebo agua”. El albariño ha quedado sobre todo para las celebraciones especiales, como la de su centenario.
Tampoco esperaba llegar a esta edad. “No, jamás”, responde. Lo atribuye en buena parte a los genes que recibió de sus padres y a la libertad de pensamiento con la que la educaron. Reconoce que nunca fue muy deportista, aunque le gustaba mucho andar.
“Me encanta hablar”, cuenta al diario ABC. Lo hace a diario con su sobrina y sigue consultando los libros que conserva en casa, aunque su biblioteca es bastante más pequeña que antes.
La alimentación de Maria Luisa entra dentro de las recomendaciones nutricionales de al menos tres raciones de hortalizas al día y un mínimo de cuatro de legumbres por semana. Tener verdura congelada y legumbres en conserva facilita resolver una comida sin tener que cocinarlo todo en ese momento.
Para quienes estamos lejos de cumplir los cien, algunas de sus costumbres son fáciles de hacer nuestras: dar más sitio a las verduras o sacar un rato para ese libro que tenemos pendiente. Ninguna garantiza llegar a su edad, pero tampoco hace falta esperar a un cumpleaños centenario para dedicar más tiempo a lo que nos gusta y cuidar lo que comemos.
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María Luisa, catedrática de 100 años: “Como muchas verduras y raciones pequeñas, pero el Albariño siempre ayuda”
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Seguramente conoces a alguna persona que entra en una habitación y, antes de abrir la boca, ya ha captado el tono de voz de los demás o el silencio que se acaba de hacer. Es como si supieran leer el humor de los demás al momento. Ese radar puede tener su origen en una infancia en hogares tensos o imprevisibles, donde el humor de los adultos marcaba el clima del día.
Muchas personas que crecieron así no recuerdan aquello como un problema, porque para ellas era lo normal. Sobre esto trata un estudio con casi 30.000 niños, que describe la imprevisibilidad en casa como una forma de adversidad menos visible, que a menudo pasa desapercibida y que se asocia con más depresión y ansiedad, entre otros problemas.
Pero que algo se normalice no quiere decir que se esfume. Sus efectos pueden quedarse de forma silenciosa, acabar formando parte de la personalidad e ir influyendo en cómo nos relacionamos.
Un radar que se enciende en la infancia
Cuando un niño crece en un ambiente donde todo puede cambiar de un momento a otro, va desarrollando mecanismos para adaptarse sin elegirlo, porque los necesita para desenvolverse. La psicóloga Susan Albers lo explica en una guía sobre hipervigilancia de la Cleveland Clinic con el ejemplo de un niño que crece en un hogar con maltrato, donde el padre o la madre puede pasar sin aviso del buen humor a la ira, y que aprende a captar señales muy sutiles porque saber cómo está el adulto le ayuda a protegerse.
Vamos, que un cambio en el tono de voz, un silencio inesperado o un gesto concreto acaban funcionando como señales de alarma. Y esa costumbre puede seguir activa en la edad adulta, ya que, según la misma guía, la hipervigilancia está muy vinculada al trauma infantil y quienes la viven tienden a observar con detalle los cambios de tono o de lenguaje corporal de las personas de su entorno.
Eso sí, la guía aclara que la hipervigilancia no es un diagnóstico, y Albers añade que a veces es un rasgo de quien está más pendiente de los sentimientos ajenos y que, cuando es crónica o intensa, suele ser síntoma de otro problema de salud mental. Por eso esa capacidad de leer a la gente puede confundirse con una gran intuición o sensibilidad, aunque también puede reflejar un sistema de alerta que nunca llegó a apagarse.
Quien creció en un hogar estable tiende a vivir una discusión como algo excepcional, mientras que quien conoció otra realidad desde pequeño puede no verla como anormal, porque su idea de normalidad se construyó en ese contexto.
Vigilarlo todo o no inmutarse
Lo curioso es que una misma experiencia no siempre da la misma respuesta. Hay quien está pendiente de todo lo que ocurre a su alrededor y hay quien da la impresión de una calma absoluta, dos reacciones opuestas que pueden surgir como adaptaciones al mismo entorno impredecible.
De hecho, la teoría de la seguridad emocional describe algo parecido. Según un estudio de la Universidade da Coruña publicado en Psicología Educativa, cuando los adolescentes perciben que el conflicto entre sus padres amenaza su seguridad, suelen mostrarse preocupados y reaccionar enseguida o, en el otro extremo, manifestar indiferencia, lo que se conoce como desvinculación.
Y luego está la intimidad. Quienes vivieron discusiones familiares en la infancia pueden desear relaciones cercanas y profundas y, a la vez, temer que acercarse demasiado acabe haciéndoles daño. La guía de la Cleveland Clinic apunta en esa línea, ya que explica que la hipervigilancia puede impedir confiar en los demás o acercarse a ellos, aunque también puede empujar hacia un apego ansioso que sea igualmente dañino.
Qué dice la teoría de la seguridad emocional
Esta teoría la formularon E. M. Cummings y P. T. Davies en 1994, y amplía la mirada de la teoría del apego que había desarrollado el psiquiatra infantil británico John Bowlby. El estudio gallego explica que para los hijos es importante tener un vínculo especial con sus figuras de apego, pero también sentir que el conjunto de su familia es un lugar seguro.
Pero el conflicto entre los padres, sobre todo cuando es destructivo y los desacuerdos no se resuelven, puede ser una de las mayores amenazas para esa seguridad emocional. Los niños no se quedan al margen, sino que observan esas discusiones y van formándose una idea de cómo funcionan las relaciones a partir de ellas.
Y el trabajo gallego, hecho con 196 adolescentes, va en esa dirección, ya que cuanto más intenso, frecuente y sin resolver era el conflicto entre los padres, y más amenazados se sentían por él, menos seguros estaban en su familia.
Las cuatro fases del apego según Bowlby
El centro de psicología PSISE de Madrid resume que Bowlby describió la formación del vínculo de apego como un proceso gradual en cuatro etapas, que se reparten entre los primeros meses de vida y los tres años.
En la primera, la de preapego, en los dos primeros meses, el bebé todavía no distingue hacia quién dirige sus conductas de apego, así que separarse de su cuidador principal puede no causarle un gran malestar. Entre los dos y los seis meses llega la fase de instauración del apego, en la que empieza a diferenciar a sus cuidadores y a mostrar preferencias por ellos.
Alrededor de los siete meses aparece la fase de exploración activa y búsqueda de proximidad, cuando el niño explora el entorno con más autonomía y busca la cercanía de cuidadores concretos, a los que utiliza como base segura. La última, la de la “relación corregida por los objetivos”, llega hacia los tres años: gracias a su desarrollo cognitivo, el niño negocia esa cercanía en un plano psicológico y simbólico, más allá del contacto físico.
PSISE recoge, traducida de su obra de 1973, una de sus ideas más conocidas: “Cuando una persona está segura de que su figura de apego estará disponible para él cuando lo desee, estará mucho menos dispuesto a experimentar miedo intenso o crónico que una persona que, por cualquier razón, no tiene la misma seguridad”. Bowlby explica también que esa seguridad “se construye progresivamente a lo largo del desarrollo (infancia y adolescencia)” y que las expectativas que se forman durante ese periodo “tienden a mantenerse relativamente estables a lo largo del ciclo vital”.
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La psicología dice que los adultos que de niños crecieron en hogares donde los cambios de humor eran constantes pueden convertirse en observadores intensos
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Si eres de los que al aliñar una ensalada empiezas por el aceite, Jordi Cruz tiene algo que contarte. Su consejo es empezar por el vinagre, mezclarlo con la sal y terminar con el aceite, y tiene su explicación.
El cocinero y popular presentador de Masterchef lo cuenta en un vídeo publicado en sus redes sociales : “Si pones antes el aceite, puede impedir que la sal se mezcle bien y el aliño quedará irregular”.
También deja una receta para quienes prefieran hacer la vinagreta aparte consistente en: 150 mililitros de aceite de oliva virgen extra, 50 mililitros del vinagre que más guste, tres gramos de sal y 15 mililitros de agua.
Se puede batir con unas varillas o agitar en un tarro bien cerrado. Así resulta más fácil probar el aliño y ajustar el sabor antes de echarlo sobre la ensalada.
Son tres partes de aceite por una de vinagre, a partir de ahí, las cantidades se pueden adaptar al gusto, sin necesidad de seguir la fórmula al milímetro cada vez.
La explicación está en el agua que contiene el vinagre, donde se disuelve la sal. Basta con remover bien ambos ingredientes antes de añadir el aceite para que no queden los granos que el chef quiere evitar.
Si la vinagreta se separa después de prepararla, se puede volver a batir. Es lo que ocurre con estas mezclas de aceite y vinagre al dejarlas reposar. Para que aguante más tiempo ligada se puede añadir un poco de mostaza, que actúa como emulsionante y retrasa esa separación.
Con la sal conviene quedarse corto al principio, sobre todo si la ensalada lleva queso u otros ingredientes salados. Los tres gramos de la receta son para toda la vinagreta, no para cada plato. La Organización Mundial de la Salud recomienda a los adultos consumir menos de cinco gramos de sal al día, sumando la que se añade al cocinar y la que ya contienen los alimentos.
Para reducirla, la propia organización aconseja dar sabor con hierbas y especias. Se puede preparar el aliño con menos sal, mezclar una pequeña cantidad con la ensalada y probar antes de añadir más.
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En Vitónica | María Luisa, catedrática de 100 años: “Como muchas verduras y raciones pequeñas, pero el Albariño siempre ayuda”
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Jordi Cruz, chef: “El orden en el que echas el aceite, el vinagre y la sal en la ensalada importa y entenderlo cambia por completo el sabor y la textura”
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Caminar cada día es una forma perfecta de mantenernos activos mientras mejoramos nuestra capacidad cardiovascular y combatimos el sedentarismo. Sin embargo, si lo que buscamos es fortalecer los huesos después de los 50 años, tenerlo como único ejercicio es una mala idea, ya que la pérdida progresiva de densidad ósea, especialmente después de la menopausia, convierte al entrenamiento de fuerza en un aliado importante para conservar nuestra autonomía.
El entrenador Joey Till, responsable de entrenadores de Barry’s España, explica en su perfil de Instagram que los huesos necesitan estímulos superiores a los que reciben durante un paseo habitual. Así, su recomendación consiste en combinar ejercicios con resistencia y actividades de impacto controlado mientras aumentamos de forma progresiva la exigencia según nuestra condición física.
Los ejercicios que recomienda Joey Till para fortalecer los huesos después de los 50
Entre sus movimientos favoritos aparecen las sentadillas con mancuernas, el peso muerto rumano y las zancadas hacia atrás. Todos estos ejercicios permiten trabajar grandes grupos musculares mientras aplicamos cargas sobre otras zonas importantes como las caderas. Y luego están las zancadas que exigen mantener el equilibrio, mientras que el press de hombros y el remo inclinado sirven para completar el entrenamiento del tren superior.
Si quieres obtener resultados, Till recomienda entrenar fuerza dos o tres veces por semana utilizando una resistencia que convierta las últimas dos o tres repeticiones de una serie de 8 a 10 en un esfuerzo considerable. Además, debes mantener correctamente la técnica durante todo el movimiento y las cargas podrán aumentar cuando el peso utilizado deje de representar un desafío.
Por último, el entrenador también destaca los beneficios de introducir pequeños saltos, subir escaleras o realizar intervalos breves de carrera. Todas estas recomendaciones coinciden con un consenso científico publicado en British Journal of Sports Medicine que señala la importancia de combinar ejercicios de resistencia e impacto para mejorar la fortaleza ósea y reducir factores relacionados con las caídas.
No obstante, el impacto se debe adaptar a cada persona. Quienes presentan osteoporosis, fracturas previas o limitaciones físicas, por ejemplo, pueden necesitar modificaciones y asesoramiento profesional antes de introducir determinados movimientos. Caminar sigue aportando beneficios, pero complementarlo con ejercicios de fuerza permite trabajar otras capacidades fundamentales para envejecer con mayor autonomía.
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Joey Till, entrenador: “Después de los 50, caminar no es suficiente para fortalecer los huesos. Necesitamos levantar pesas y añadir ejercicios de impacto”
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Salir a caminar tiene algo muy agradable ya que te permite cambiar de escenario y charlar sin que cada minuto tenga que ser productivo. Si además llevamos una temporada moviéndonos poco, ese paseo resulta bastante más apetecible que estrenar una rutina agotadora. Ahí entra el juego el llamado “paseo de abuelo”, una forma muy reconocible de andar sin prisas.
El entrenador Héctor Leiro explicó en el podcast de ADH Fitness en qué consiste: “Lo importante es construir el hábito”. La clave está, al menos al principio, en dejar de lado el nivel de intensidad: “No digo trotar ni caminar rápido, sino de hacer un paseo de abuelo“.
El objetivo es crear una rutina que no tenga una exigencia difícil de mantener, de forma que no abandonemos a las primeras de cambio. El nombre puede sonar extraño, pero la propuesta es tan familiar como dar una vuelta por el barrio o quedar con alguien para caminar en compañía. Empezar a un ritmo cómodo permite centrarse en encontrar un recorrido agradable, asequible y que te deje con ganas de repetirlo al día siguiente.
Además, el paseo tiene valor aunque sea suave. Toda actividad cuenta y hacer un poco es mejor que no hacer nada. Por eso, quien pasa buena parte de la jornada sentado puede aprovechar los desplazamientos a pie para moverse más, sin esperar a tener una hora libre ni a encontrar el momento perfecto para ponerse en forma.
Si ya has cumplido 65 años, el paseo encaja dentro de una rutina más completa ya que lo recomendable sería incluir entrenamientos de fuerza al menos dos días por semana y actividades de equilibrio. Así, la vuelta diaria puede convivir con ejercicios que ayuden a seguir levantándose de una silla o llevando las bolsas de la compra.
Para los que lleven tiempo moviéndose poco, ese paseo puede encontrar su hueco al ir a comprar el pan o al quedar con alguien para dar una vuelta. Se puede empezar con un recorrido corto y alargarlo poco a poco, según resulte más llevadero. Ya habrá ocasión de apretar el paso.
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En Vitónica | Los entrenadores coinciden: las personas sedentarias pueden empezar subiendo escaleras o con pequeñas pausas activas
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Los entrenadores coinciden sobre andar: no hay que trotar ni salir a caminar rápido. La clave es el “paseo de abuelo”
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El ayuno intermitente se ha convertido en una estrategia habitual entre quienes buscan controlar su peso y mejorar determinados indicadores de salud. Sin embargo, organizar los horarios de las comidas y prestar atención a los alimentos que elegimos después de varias horas sin comer tiene la misma importancia, sobre todo si pretendemos mantener una alimentación equilibrada.
El médico Sebastián La Rosa, conocido por divulgar contenidos sobre longevidad en su cuenta de TikTok, advierte de que romper el ayuno con grandes cantidades de carbohidratos de rápida absorción puede provocar aumentos importantes de glucosa e insulina. Así, entre los ejemplos que menciona aparecen el pan y la pasta, pero su recomendación se centra más en las cantidades y el tipo de alimento.
Qué recomienda Sebastián La Rosa para romper el ayuno intermitente
Uno de los errores que señala La Rosa es intentar compensar las horas de ayuno con una comida demasiado abundante. Según explica, puede ser peligroso ingerir grandes cantidades de comida si se combina el ayuno con una reducción de calorías, ya que se favorece la distensión abdominal y la sensación de pesadez. Por eso, propone comenzar con porciones moderadas para ir cogiendo el ritmo.
Podemos optar por huevos, pescado, yogur natural o verduras cocidas, acompañados de grasas saludables y cantidades adecuadas de carbohidratos complejos, dado que la elección de los alimentos es importantísima. Sin embargo, esto no significa que los hidratos deban desaparecer de nuestra dieta porque son determinantes por su cantidad, composición y combinación con otros nutrientes para influir en la respuesta glucémica.
La Rosa también recomienda prestar atención a las legumbres y determinadas verduras crucíferas como el repollo por su contenido en rafinosa. Este alimento puede fermentar en el intestino y provocar gases o hinchazón en algunas personas, pero su presencia no es perjudicial ni demuestra que debamos evitarlo sí o sí tras de un ayuno.
Por último, conviene recordar que el ayuno intermitente no exige eliminar grupos completos de alimentos ni tampoco garantiza mejores resultados que otras estrategias nutricionales. Las recomendaciones de la Asociación Americana de Diabetes recuerdan que, por ejemplo, los principios de una alimentación saludable siguen siendo importantes durante los periodos en los que comemos. Así, lo fundamental es mantener una dieta equilibrada, adaptar las cantidades a nuestras necesidades y evitar restricciones innecesarias siempre que sea posible.
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Sebastián La Rosa, médico especializado en longevidad: “Romper el ayuno intermitente con muchos carbohidratos es un error”
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Tu salud depende en buena medida de la calidad de tus mitocondrias. En este vídeo veremos cómo funcionan, por qué …
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Cuando llevas tiempo sin hacer ejercicio, algo tan cotidiano como subir las escaleras al volver a casa o dar un paseo después del trabajo, puede ser un comienzo bastante más asequible que apuntarte a una rutina exigente.
Roc Sala, entrenador personal, lo explicaba en El Mundo Deportivo con una idea sencilla: “Mucha gente subestima lo que puede conseguir simplemente caminando más”. El se refiere sobre todo a los gestos pequeños, como subir por la escalera al llegar a casa o dar un paseo al salir del trabajo, pero también vale ir a hacer la compra andando, o aprovechar una pausa para estirar las piernas en lugar de quedarte en la silla con el móvil.
El entrenador insiste en que no hay prisa. “No necesitas hacerlo todo a la vez”, eso sí, también propone una sesión de fuerza a la semana, y si puede ser con un profesional al lado, mejor.
Una opción para llevarlo a la práctica son las pausas activas durante el trabajo. Un estudio publicado este mismo 2026 lo llevó a la vida real durante dos semanas, con pausas de cinco minutos cada media hora, cada hora o cada dos. Los que hicieron la pausa cada hora fueron los que mejor equilibrio dieron ya que resultaban fáciles de cumplir y los participantes contaron menos fatiga y más bienestar.
A la hora de llevarlo a la práctica, nada de complicarse. Al terminar una tarea, levántate y da una vuelta por casa o por la oficina. No hace falta ponerse a hacer flexiones en el descansillo, simplemente empieza con el paseo que te quepa en la pausa y ve alargándolo cuando te apetezca.
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Los entrenadores coinciden: las personas sedentarias pueden empezar subiendo escaleras o con pequeñas pausas activas
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Si te criaste en los años 60 o 70, posiblemente recuerdes tardes enteras sin nada que hacer, en las que el aburrimiento acababa empujándote a inventar algún juego con lo primero que tenías a mano. Esa infancia con menos vigilancia adulta es la que reivindican algunos psicólogos, que sostienen que su fortaleza no venía de la crianza sino de la independencia cotidiana con la que crecían.
Pero también conviene saber que en ninguno de los artículos se compara directamente a esas generaciones con las actuales. Lo que sí analizan es algo más concreto: qué relación hay entre la sobreprotección de los padres y la salud mental de los hijos, y qué papel juegan el juego libre y la autonomía en el desarrollo infantil.
Lo que dicen 52 estudios sobre la sobreprotección
En 2023 se publicó un interesante metaanálisis sobre sobreprotección y salud mental. Lo firmaron Qi Zhang, de la Universidad de Wisconsin-Madison, y Wongeun Ji, de la Universidad Global de Handong, en Corea del Sur, y en él reunieron los resultados de 52 artículos diferentes. Su objetivo era ver si había un patrón que los estudios sueltos no terminaban de dejar claro.
Y lo encontraron: la sobreprotección parental se asocia con más síntomas de depresión, de ansiedad y de los llamados problemas internalizantes, que son esas dificultades emocionales que se viven hacia dentro, como la preocupación constante, la tristeza o el aislamiento. Eso sí, se trata de asociaciones pequeñas, en participantes con una edad media cercana a los 20 años, por lo que los resultados hablan sobre todo de adolescentes y adultos jóvenes.
Además, según los autores, el tamaño de esa relación era prácticamente igual en diferentes culturas y niveles socioeconómicos. Por lo tanto, pese al patrón, la asociación tampoco demuestra que la sobreprotección cause esos problemas. Por eso, los propios autores se limitan a señalar que sus resultados tienen implicaciones a la hora de diseñar intervenciones.
¿Y qué entendemos por sobreprotección? Pues una intervención constante de los adultos incluso en asuntos menores, del tipo de mediar en cualquier roce con los amigos o meterse en sus tareas del colegio, algo bastante diferente a estar pendiente de tus hijos. De hecho, una revisión sistemática de 2022 firmada por Julia Schønning Vigdal y Kolbjørn Kallesten Brønnick, de dos universidades noruegas, encontró que la mayoría de los 38 estudios analizados relacionaban este estilo de crianza con la ansiedad y la depresión.
Pero los propios autores advierten de que la evidencia es todavía insuficiente, ya que casi todos esos estudios eran transversales y no permiten saber qué va antes. Vamos, que puede que la sobreprotección alimente la ansiedad, pero también puede ser que un hijo ansioso lleve a sus padres a protegerlo más.
Aprender a regularse, y por qué el juego libre importa
Aquí cobra importancia la autorregulación, que es la capacidad de manejar nuestras emociones y nuestro comportamiento sin depender todo el rato de otra persona. Marc Brackett, director fundador del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale, defiende en un texto sobre su libro ‘Dealing with Feeling’ que la regulación emocional es algo que se aprende por completo y que requiere práctica.
Y ahí es donde aparece el juego libre. En un estudio publicado en 2022, Yeshe Colliver y su equipo utilizaron datos de 2.213 niños del Estudio Longitudinal de Niños Australianos, y según la ficha de la investigación comprobaron que el tiempo dedicado al juego no estructurado entre los dos y los cinco años predecía una mejor autorregulación dos años después.
Y en una línea parecida está el llamado juego arriesgado, ese que tiene un componente de riesgo físico como trepar o alejarse de los adultos. Una revisión sistemática de 2015 liderada por Mariana Brussoni, de la Universidad de la Columbia Británica, encontró efectos positivos sobre diferentes indicadores de salud. Pero de nuevo, sus autores reconocían que todavía hacen falta más estudios de buena calidad para llegar a conclusiones respecto a esto.
Calles con más tráfico y patios con más normas
Pero la autonomía de los niños no depende sólo de lo que decidan sus padres, sino también del entorno en el que viven. Un informe del Policy Studies Institute financiado por la Fundación Nuffield, basado en una encuesta a más de 18.000 niños de entre siete y 15 años de 16 países realizada entre 2010 y 2012, concluyó que el miedo al tráfico era el principal motivo por el que los padres restringían que sus hijos se movieran solos.
Su director, Ben Shaw, aseguraba en la presentación de ese mismo informe que la libertad de movimiento de los niños había ido disminuyendo en las últimas décadas. A esto se suma lo que pasa en los colegios. Un estudio de 2024 en el estado australiano de Victoria comprobó que 42 de las normativas escolares analizadas, el 84% del total, se centraban en gestionar el riesgo y la seguridad, mientras que apenas había políticas que promovieran o protegieran el juego.
Pero por último, también conviene recordar que nada de esto equivale a dejar a los niños sin supervisión como se hacía hace medio siglo. La propuesta pasa más bien por darles oportunidades adecuadas a su edad para tomar decisiones y resolver pequeños problemas por su cuenta, frustraciones incluidas.
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La psicología apunta a que los niños de los 60 y 70 no eran más fuertes por la crianza, sino por la autonomía cotidiana que vivían
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