Salir a caminar tiene algo muy agradable ya que te permite cambiar de escenario y charlar sin que cada minuto tenga que ser productivo. Si además llevamos una temporada moviéndonos poco, ese paseo resulta bastante más apetecible que estrenar una rutina agotadora. Ahí entra el juego el llamado “paseo de abuelo”, una forma muy reconocible de andar sin prisas.
El entrenador Héctor Leiro explicó en el podcast de ADH Fitness en qué consiste: “Lo importante es construir el hábito”. La clave está, al menos al principio, en dejar de lado el nivel de intensidad: “No digo trotar ni caminar rápido, sino de hacer un paseo de abuelo“.
El objetivo es crear una rutina que no tenga una exigencia difícil de mantener, de forma que no abandonemos a las primeras de cambio. El nombre puede sonar extraño, pero la propuesta es tan familiar como dar una vuelta por el barrio o quedar con alguien para caminar en compañía. Empezar a un ritmo cómodo permite centrarse en encontrar un recorrido agradable, asequible y que te deje con ganas de repetirlo al día siguiente.
Además, el paseo tiene valor aunque sea suave. Toda actividad cuenta y hacer un poco es mejor que no hacer nada. Por eso, quien pasa buena parte de la jornada sentado puede aprovechar los desplazamientos a pie para moverse más, sin esperar a tener una hora libre ni a encontrar el momento perfecto para ponerse en forma.
Si ya has cumplido 65 años, el paseo encaja dentro de una rutina más completa ya que lo recomendable sería incluir entrenamientos de fuerza al menos dos días por semana y actividades de equilibrio. Así, la vuelta diaria puede convivir con ejercicios que ayuden a seguir levantándose de una silla o llevando las bolsas de la compra.
Para los que lleven tiempo moviéndose poco, ese paseo puede encontrar su hueco al ir a comprar el pan o al quedar con alguien para dar una vuelta. Se puede empezar con un recorrido corto y alargarlo poco a poco, según resulte más llevadero. Ya habrá ocasión de apretar el paso.
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En Vitónica | Los entrenadores coinciden: las personas sedentarias pueden empezar subiendo escaleras o con pequeñas pausas activas
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Los entrenadores coinciden sobre andar: no hay que trotar ni salir a caminar rápido. La clave es el “paseo de abuelo”
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El ayuno intermitente se ha convertido en una estrategia habitual entre quienes buscan controlar su peso y mejorar determinados indicadores de salud. Sin embargo, organizar los horarios de las comidas y prestar atención a los alimentos que elegimos después de varias horas sin comer tiene la misma importancia, sobre todo si pretendemos mantener una alimentación equilibrada.
El médico Sebastián La Rosa, conocido por divulgar contenidos sobre longevidad en su cuenta de TikTok, advierte de que romper el ayuno con grandes cantidades de carbohidratos de rápida absorción puede provocar aumentos importantes de glucosa e insulina. Así, entre los ejemplos que menciona aparecen el pan y la pasta, pero su recomendación se centra más en las cantidades y el tipo de alimento.
Qué recomienda Sebastián La Rosa para romper el ayuno intermitente
Uno de los errores que señala La Rosa es intentar compensar las horas de ayuno con una comida demasiado abundante. Según explica, puede ser peligroso ingerir grandes cantidades de comida si se combina el ayuno con una reducción de calorías, ya que se favorece la distensión abdominal y la sensación de pesadez. Por eso, propone comenzar con porciones moderadas para ir cogiendo el ritmo.
Podemos optar por huevos, pescado, yogur natural o verduras cocidas, acompañados de grasas saludables y cantidades adecuadas de carbohidratos complejos, dado que la elección de los alimentos es importantísima. Sin embargo, esto no significa que los hidratos deban desaparecer de nuestra dieta porque son determinantes por su cantidad, composición y combinación con otros nutrientes para influir en la respuesta glucémica.
La Rosa también recomienda prestar atención a las legumbres y determinadas verduras crucíferas como el repollo por su contenido en rafinosa. Este alimento puede fermentar en el intestino y provocar gases o hinchazón en algunas personas, pero su presencia no es perjudicial ni demuestra que debamos evitarlo sí o sí tras de un ayuno.
Por último, conviene recordar que el ayuno intermitente no exige eliminar grupos completos de alimentos ni tampoco garantiza mejores resultados que otras estrategias nutricionales. Las recomendaciones de la Asociación Americana de Diabetes recuerdan que, por ejemplo, los principios de una alimentación saludable siguen siendo importantes durante los periodos en los que comemos. Así, lo fundamental es mantener una dieta equilibrada, adaptar las cantidades a nuestras necesidades y evitar restricciones innecesarias siempre que sea posible.
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Sebastián La Rosa, médico especializado en longevidad: “Romper el ayuno intermitente con muchos carbohidratos es un error”
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Tu salud depende en buena medida de la calidad de tus mitocondrias. En este vídeo veremos cómo funcionan, por qué …
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Cuando llevas tiempo sin hacer ejercicio, algo tan cotidiano como subir las escaleras al volver a casa o dar un paseo después del trabajo, puede ser un comienzo bastante más asequible que apuntarte a una rutina exigente.
Roc Sala, entrenador personal, lo explicaba en El Mundo Deportivo con una idea sencilla: “Mucha gente subestima lo que puede conseguir simplemente caminando más”. El se refiere sobre todo a los gestos pequeños, como subir por la escalera al llegar a casa o dar un paseo al salir del trabajo, pero también vale ir a hacer la compra andando, o aprovechar una pausa para estirar las piernas en lugar de quedarte en la silla con el móvil.
El entrenador insiste en que no hay prisa. “No necesitas hacerlo todo a la vez”, eso sí, también propone una sesión de fuerza a la semana, y si puede ser con un profesional al lado, mejor.
Una opción para llevarlo a la práctica son las pausas activas durante el trabajo. Un estudio publicado este mismo 2026 lo llevó a la vida real durante dos semanas, con pausas de cinco minutos cada media hora, cada hora o cada dos. Los que hicieron la pausa cada hora fueron los que mejor equilibrio dieron ya que resultaban fáciles de cumplir y los participantes contaron menos fatiga y más bienestar.
A la hora de llevarlo a la práctica, nada de complicarse. Al terminar una tarea, levántate y da una vuelta por casa o por la oficina. No hace falta ponerse a hacer flexiones en el descansillo, simplemente empieza con el paseo que te quepa en la pausa y ve alargándolo cuando te apetezca.
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Los entrenadores coinciden: las personas sedentarias pueden empezar subiendo escaleras o con pequeñas pausas activas
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Si te criaste en los años 60 o 70, posiblemente recuerdes tardes enteras sin nada que hacer, en las que el aburrimiento acababa empujándote a inventar algún juego con lo primero que tenías a mano. Esa infancia con menos vigilancia adulta es la que reivindican algunos psicólogos, que sostienen que su fortaleza no venía de la crianza sino de la independencia cotidiana con la que crecían.
Pero también conviene saber que en ninguno de los artículos se compara directamente a esas generaciones con las actuales. Lo que sí analizan es algo más concreto: qué relación hay entre la sobreprotección de los padres y la salud mental de los hijos, y qué papel juegan el juego libre y la autonomía en el desarrollo infantil.
Lo que dicen 52 estudios sobre la sobreprotección
En 2023 se publicó un interesante metaanálisis sobre sobreprotección y salud mental. Lo firmaron Qi Zhang, de la Universidad de Wisconsin-Madison, y Wongeun Ji, de la Universidad Global de Handong, en Corea del Sur, y en él reunieron los resultados de 52 artículos diferentes. Su objetivo era ver si había un patrón que los estudios sueltos no terminaban de dejar claro.
Y lo encontraron: la sobreprotección parental se asocia con más síntomas de depresión, de ansiedad y de los llamados problemas internalizantes, que son esas dificultades emocionales que se viven hacia dentro, como la preocupación constante, la tristeza o el aislamiento. Eso sí, se trata de asociaciones pequeñas, en participantes con una edad media cercana a los 20 años, por lo que los resultados hablan sobre todo de adolescentes y adultos jóvenes.
Además, según los autores, el tamaño de esa relación era prácticamente igual en diferentes culturas y niveles socioeconómicos. Por lo tanto, pese al patrón, la asociación tampoco demuestra que la sobreprotección cause esos problemas. Por eso, los propios autores se limitan a señalar que sus resultados tienen implicaciones a la hora de diseñar intervenciones.
¿Y qué entendemos por sobreprotección? Pues una intervención constante de los adultos incluso en asuntos menores, del tipo de mediar en cualquier roce con los amigos o meterse en sus tareas del colegio, algo bastante diferente a estar pendiente de tus hijos. De hecho, una revisión sistemática de 2022 firmada por Julia Schønning Vigdal y Kolbjørn Kallesten Brønnick, de dos universidades noruegas, encontró que la mayoría de los 38 estudios analizados relacionaban este estilo de crianza con la ansiedad y la depresión.
Pero los propios autores advierten de que la evidencia es todavía insuficiente, ya que casi todos esos estudios eran transversales y no permiten saber qué va antes. Vamos, que puede que la sobreprotección alimente la ansiedad, pero también puede ser que un hijo ansioso lleve a sus padres a protegerlo más.
Aprender a regularse, y por qué el juego libre importa
Aquí cobra importancia la autorregulación, que es la capacidad de manejar nuestras emociones y nuestro comportamiento sin depender todo el rato de otra persona. Marc Brackett, director fundador del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale, defiende en un texto sobre su libro ‘Dealing with Feeling’ que la regulación emocional es algo que se aprende por completo y que requiere práctica.
Y ahí es donde aparece el juego libre. En un estudio publicado en 2022, Yeshe Colliver y su equipo utilizaron datos de 2.213 niños del Estudio Longitudinal de Niños Australianos, y según la ficha de la investigación comprobaron que el tiempo dedicado al juego no estructurado entre los dos y los cinco años predecía una mejor autorregulación dos años después.
Y en una línea parecida está el llamado juego arriesgado, ese que tiene un componente de riesgo físico como trepar o alejarse de los adultos. Una revisión sistemática de 2015 liderada por Mariana Brussoni, de la Universidad de la Columbia Británica, encontró efectos positivos sobre diferentes indicadores de salud. Pero de nuevo, sus autores reconocían que todavía hacen falta más estudios de buena calidad para llegar a conclusiones respecto a esto.
Calles con más tráfico y patios con más normas
Pero la autonomía de los niños no depende sólo de lo que decidan sus padres, sino también del entorno en el que viven. Un informe del Policy Studies Institute financiado por la Fundación Nuffield, basado en una encuesta a más de 18.000 niños de entre siete y 15 años de 16 países realizada entre 2010 y 2012, concluyó que el miedo al tráfico era el principal motivo por el que los padres restringían que sus hijos se movieran solos.
Su director, Ben Shaw, aseguraba en la presentación de ese mismo informe que la libertad de movimiento de los niños había ido disminuyendo en las últimas décadas. A esto se suma lo que pasa en los colegios. Un estudio de 2024 en el estado australiano de Victoria comprobó que 42 de las normativas escolares analizadas, el 84% del total, se centraban en gestionar el riesgo y la seguridad, mientras que apenas había políticas que promovieran o protegieran el juego.
Pero por último, también conviene recordar que nada de esto equivale a dejar a los niños sin supervisión como se hacía hace medio siglo. La propuesta pasa más bien por darles oportunidades adecuadas a su edad para tomar decisiones y resolver pequeños problemas por su cuenta, frustraciones incluidas.
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La psicología apunta a que los niños de los 60 y 70 no eran más fuertes por la crianza, sino por la autonomía cotidiana que vivían
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Claudia Rodríguez se ha hecho un nombre como creadora de contenido en Instagram. Su agenda incluye citas como la reciente gala del Balón de Oro, donde acompañó a su pareja, el futbolista Marc Cucurella, y posó junto a él en la alfombra roja.
Madre de tres hijos en común con el jugador, Claudia procura organizarse para atender a su familia y reservar tiempo para ella. Entre las tareas de cada día, busca un hueco para hacer ejercicio: el entrenamiento de fuerza y el pilates forman parte de su rutina.
Después de dejar a los niños en el colegio, Claudia Rodríguez aprovecha la mañana para entrenar, estudiar y hacer gestiones. Procura dejar resueltos los quehaceres para pasar las tardes con sus hijos, aunque en esa agenda también busca tiempo para ella. “Intento entrenar mínimo 3 días en semana”, explicó la creadora de contenido y pareja de Marc Cucurella en su entrevista con Woman. Hace fuerza y añade pilates “siempre que encuentro un hueco”.
Encontrar su propio equilibrio mientras atiende a su familia le ha costado trabajo. “Lo he trabajado mucho en terapia”, contó en una entrevista de Vanitatis, al hablar de la dificultad de que todos estén bien atendidos en casa y encontrar, a la vez, su propio equilibrio.
Al hablar de alimentación, contó que intenta comer de forma equilibrada, pero “no soy superestricta”. Con el descanso tiene menos margen: reconoció que, desde que es madre, descansa cuando los niños se lo permiten.
Ese cuidado personal también incluye la salud mental. Claudia ha contado que encontrar su propio equilibrio mientras atiende a su familia no siempre ha sido fácil. “Lo he trabajado mucho en terapia”, explicó la creadora de contenido, “ellos necesitan mi felicidad y esa felicidad no reside únicamente en ser madre o en ser pareja”.
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Claudia Rodríguez, pareja de Marc Cucurella: “Intento entrenar mínimo 3 días por semana, fuerza, pilates y para mi salud mental, terapia cuando lo necesito”
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La merluza a la cazuela con almejas y gambas fue durante décadas el plato de las grandes ocasiones en Galicia. Durante buena parte del siglo XX se sirvió en fondas, casas de comidas, hoteles tradicionales y restaurantes gallegos, y era el plato fijo de banquetes, bodas de pueblo, bautizos y comidas de domingo en casa de las abuelas, por lo que siempre conviene recuperarlo.
Y no hay que confundirla con su prima del día a día, la merluza a la gallega, que se sirve con patatas cocidas y una ajada por encima, esa salsa de ajo y pimentón que se prepara aparte. La de cazuela va por otro camino, porque toda su gracia está en la salsa, que se va haciendo con un sofrito de cebolla pochada, un toque de tomate, vino blanco, caldo y un marisco que acaba soltando todo su sabor en el fondo de la cazuela, hasta el punto de que cuesta no rebañar el plato. En la versión de Cocinillas, eso se traduce en 300 g de almejas y 100 ml de albariño.
Para prepararla, la autora de la receta recomienda utilizar merluza de pincho y pone como ejemplo la célebre de Burela. No es un ejemplo cualquiera, ya que el puerto de esta localidad de Lugo es la principal lonja de merluza del pincho de Galicia, de España y de Europa, según la información que publicó la Casa Real con motivo de la visita de los Reyes a Burela en junio de 2025. Y en ese mismo texto se explica qué tiene de especial: se pesca con anzuelo, pieza a pieza.
Y es que la merluza funciona muy bien cuando toca cocinar para mucha gente. Según explican en Cocinillas, su sabor es tan suave que apenas sabe a pescado, lo que hace que guste a casi todo el mundo y que combine bien con prácticamente cualquier salsa.
La base de la receta: merluza, vino blanco y marisco
Al ser una de esas recetas tradicionales que se iban aprendiendo de las madres, cada casa la ha ido adaptando a su gusto. Hay quien le añade guisantes, quien la termina con unos espárragos, quien le pone huevo duro e incluso quien le echa unos taquitos de jamón.
Pero, más allá de esas diferencias, la merluza a la cazuela es en esencia un guiso de merluza con vino blanco que se enriquece con gambas y almejas, y al que se le pueden añadir unas patatas para hacerlo más contundente. La versión de Cocinillas prescinde del resto de añadidos para que nada le quite protagonismo al pescado y al marisco.
Qué aporta la merluza
La merluza forma parte de los pescados blancos o magros, con un porcentaje de grasa inferior al 3%, según recoge la ficha de la merluza del Ministerio de Agricultura, y dentro de esa poca grasa destacan los ácidos grasos poliinsaturados omega 3. Además, aporta proteínas de alto valor biológico y, según el mismo documento, es muy buena fuente de selenio y fósforo y buena fuente de potasio, entre otros minerales.
En cuanto a las vitaminas, la más destacable es la B12, seguida de la niacina o vitamina B3, aunque el propio ministerio matiza que su contenido en B12 es menor que el de otros pescados.
Ingredientes para dos personas
- 4 rodajas de merluza
- 2 patatas medianas
- 100 g de gambas peladas (o 250 g de gambas enteras)
- 300 g de almejas
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, más el necesario para freír las patatas
- 1 cebolla
- 1/4 de pimiento rojo
- 200 ml de salsa de tomate casera
- 200 ml de caldo de pescado
- 100 ml de vino blanco, preferiblemente albariño
- 1/2 cucharada de harina
- Sal al gusto
Cómo hacer la merluza a la cazuela, paso a paso
Lo primero es quitarles la arena a las almejas. Para ello las dejamos una o dos horas en la nevera, en un bol con agua y sal, y después las sacamos con las manos, nunca volcándolas sobre un escurridor, porque la arena que han soltado se queda en el fondo del bol y, si las escurrimos, les vuelve a caer encima.
Después calentamos el albariño en una sartén y, cuando empiecen a salir burbujas, echamos las almejas, bajamos el fuego y esperamos a que se abran. Una vez abiertas, reservamos por un lado las almejas y por otro el vino junto con todo el jugo que hayan soltado.
Mientras tanto, cortamos la cebolla y el pimiento rojo en dados regulares de unos 5 mm y los pochamos con sal en una cazuela amplia (normalmente se utilizaba una de barro, de ahí el nombre del plato) con las tres cucharadas de aceite. Podemos aprovechar ese rato para pelar las patatas, lavarlas, secarlas bien, cortarlas en rodajas de unos 4 o 5 mm y freírlas en abundante aceite hasta que se doren.
Cuando las verduras estén tiernas, las apartamos a un lado de la cazuela y, en el hueco que queda, tostamos la harina durante un minuto sin dejar de remover para que no sepa a cruda. Luego añadimos el vino de abrir las almejas y lo dejamos a fuego vivo hasta que deje de oler a alcohol, momento en el que incorporamos la salsa de tomate y el caldo de pescado y bajamos el fuego al mínimo mientras terminamos con las patatas.
Con las patatas ya fritas, las colocamos bien repartidas en el fondo de la cazuela y, encima, las rodajas de merluza sazonadas, las gambas peladas y las almejas. Tapamos y dejamos cocinar unos cinco minutos, lo justo para que la merluza se haga sin quedar seca. Eso sí, conviene comprobar que está hecha también en el centro antes de apagar el fuego, sobre todo si las rodajas son gruesas, porque, como veremos más adelante, el calor elimina el anisakis cuando llega a toda la pieza.
La merluza a la cazuela se sirve en el momento, con un buen pan para la salsa y, si apetece, un poco de perejil fresco picado por encima.
Cómo hacerla más ligera (y manchar menos)
Si no queremos freír las patatas, podemos cocerlas directamente en el guiso, lo que aligera un poco la receta y de paso nos ahorra ensuciar la cocina. Basta con añadir algo más de caldo de pescado y, cuando empiece a hervir, echar las patatas en rodajas finas, de un centímetro de grosor como mucho, y dejarlas cocer con la cazuela tapada hasta que estén tiernas. Vamos, que nos olvidamos de la sartén con aceite.
A partir de ahí, añadimos la salsa de tomate, mezclamos bien y terminamos colocando la merluza, las gambas y las almejas.
Qué merluza elegir
En el mercado conviven diferentes especies. Además de la merluza europea, en la misma ficha del ministerio aparecen la argentina, la austral, la negra y la del Pacífico, y en las pescaderías también se encuentra la merluza de cola. Según Cocinillas, la merluza que se vende ultracongelada suele ser argentina, austral, negra o del Pacífico, y es una alternativa más asequible.
Y aunque a veces se dice que comprarla congelada nos ahorra tener que congelarla en casa por el anisakis, en un guiso como este no hace falta. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) explica que no es necesario congelar el pescado que se va a cocinar de forma que alcance 60 °C durante al menos un minuto en toda la pieza, y que la congelación es para las preparaciones en crudo o poco hechas, como los boquerones en vinagre o el sushi. A modo orientativo, la agencia calcula unos diez minutos de cocción en total para una pieza de unos 2,5 cm de grosor.
En cuanto a la merluza europea que se vende en España, puede venir de la costa gallega, del Cantábrico o de caladeros más alejados del Atlántico Norte, como el Gran Sol. Según la autora de la receta, la de costa se cotiza mejor y la pescan barcos que salen a faenar a diario, de modo que llega a la venta el mismo día de su captura, mientras que la del Gran Sol la pescan barcos más grandes que salen a la marea, como se llama a cada salida al mar. Y esas salidas son largas, porque en el caso de los buques de la Asociación de Armadores de Buques de Pesca en el Gran Sol (ANASOL) las mareas duran entre 10 y 18 días.
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En Vitónica | Lomos de merluza al horno con col kale y tomatitos: receta saludable cocinada en la misma bandeja
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Las abuelas gallegas coinciden: la mejor merluza a la cazuela se hace con un puñado de almejas y 100 ml de vino
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Cuando alguien decide cambiar sus hábitos para perder peso, lo más habitual es que quiera ver resultados cuanto antes, y ahí suelen empezar los problemas. Porque intentar ir más deprisa de lo que el organismo tolera, y de lo que se considera saludable, acaba trayendo frustración y, en muchos casos, el abandono del plan.
Por eso los entrenadores insisten en tomárselo con calma. Y dos ejemplos son el entrenador personal River Hardy y el culturista y entrenador Jeff Nippard, que ha compartido su experiencia en YouTube.
Por qué las dietas demasiado estrictas acaban en abandono
Según Hardy, hay personas que se lanzan a la dieta más estricta posible porque creen que cuanto antes lleguen, mejores serán los resultados. Recortan calorías desde el primer día, disparan el cardio y suman muchísimos pasos diarios, pero el entrenamiento se va haciendo cada vez más duro y, sin darse cuenta, terminan hartas del programa. ¿Y qué pasa entonces? Pues que lo dejan y vuelven al punto de partida.
De ahí que el entrenador defienda un plan de dieta que de verdad se pueda mantener hasta la meta, sin restringir muchos alimentos ni matarse a cardio. Si no, explica, el metabolismo se ralentiza y el progreso se frena porque el cuerpo no tiene otra salida que adaptarse, un mecanismo que los investigadores estudian como termogénesis adaptativa, aunque todavía discuten hasta qué punto pesa en la recuperación del peso perdido.
Su propuesta pasa por averiguar las calorías de mantenimiento y comer entre 250 y 350 calorías diarias por debajo de esa cifra. Y cuando el progreso se estanque, recomienda quitar 100 calorías más, aunque sin llegar a pasar hambre.
Lo que dice el metaanálisis que cita Nippard
Jeff Nippard también defiende un déficit lento y progresivo. Para ello se hace eco de un metaanálisis de 38 estudios, a partir de unas 500 calorías diarias de déficit se empieza a perder más masa magra, y que cuanto mayor es el déficit, más se pierde.
Nippard añade que quienes mantuvieron un déficit más pequeño, de unas 500 calorías por debajo de su mantenimiento, conservaron mejor el músculo, y que “algunos de los sujetos de hecho ganaron un poco de músculo mientras perdían grasa”. Vamos, que habla de algunos participantes, no de todos.
Y es que esa cifra de 500 calorías es la misma que aparece en un metaanálisis de Chaise Murphy y Karsten Koehler publicado en 2022 en ‘Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports’, aunque con un matiz: su metarregresión estimaba que un déficit de ese tamaño frenaba por completo, de media, las ganancias de masa magra con entrenamiento de fuerza.
Eso sí, según detalla el análisis de Stronger by Science, la mayoría de los participantes no entrenaba antes y tenía sobrepeso u obesidad y, salvo una excepción, los estudios con ganancias claras de músculo no pasaban de déficits de unas 200 o 300 calorías diarias.
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En Vitónica | Un entrenador explica el ejercicio para bajar la grasa abdominal rebelde: “pierdes 10 calorías por minuto”
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Los entrenadores coinciden: con un déficit calórico moderado, de unas 500 calorías diarias, se conserva mejor la masa muscular y “algunos de hecho ganaron un poco de músculo mientras perdían grasa”
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Anne Carson (Toronto, 1950), poeta, ensayista, traductora y especialista en literatura clásica, ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2026, que la Academia Sueca anunció el 8 de octubre de 2026 por una obra “audaz e inventiva” en diálogo lúdico con la tradición clásica, según la agencia EFE. Y para celebrarlo, conviene rescatar uno de sus poemas más breves, en el que una madre prohíbe caminar hacia atrás.
Una obra que no cabe en un solo género
Catorze la presenta como una de las voces más singulares de la literatura contemporánea, y no le faltan motivos, ya que su escritura mezcla la poesía con el ensayo y otras formas de prosa, y lleva los mitos griegos a las inquietudes del presente. Y es que Carson combina géneros sin complejos, a veces con toques teatrales, en una obra atravesada por el amor, el deseo y el duelo.
En catalán podemos leerla en Vaso Roto Ediciones, con traducción de Núria Busquet Molist. Los títulos son ‘La bellesa del marit’, ‘Decreació’, ‘Albertine. Rutina d’exercicis’ y ‘Norma Jeane Baker de Troia’.
Los muertos que caminan detrás
El poema elegido es ‘Short talk on walking backwards’, que en catalán se titula ‘Xerrada breu sobre caminar cap enrere’ y procede de ‘Short Talks’, publicado en 1992. Se trata de un texto de apenas unas líneas que arranca con esa prohibición materna, porque así es como caminan los muertos, y que acaba dándole la vuelta a la idea para hablar de los muertos que van detrás de nosotros y del amor.
Pero el poema tiene además su pequeña historia barcelonesa. Carson lo leyó en el 40º Festival Internacional de Poesía de Barcelona, en mayo de 2025, según el mismo diario ARA, y la traducción catalana de Busquet Molist que reproduce Catorze se publicó en el material de esa edición del festival, según la propia revista. Si quieres leerlo entero, en catalán y en inglés, lo tienes en la publicación de Catorze.
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En Vitónica | Los humanos no fueron hechos para correr sino para estar sentados: así lo explica en su libro un profesor de Harvard
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Anne Carson, Nobel de literatura: “La madre nos tenía prohibido caminar hacia atrás, así es como caminan los muertos, decía”
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Después de los 50 años, conservar la movilidad es fundamental para realizar movimientos cotidianos como agacharnos, girar el tronco o levantarnos de una silla sin demasiadas dificultades. Por eso, aunque el envejecimiento influye en nuestras capacidades físicas, el entrenador Marcos Flórez advierte que la falta de actividad también contribuye a perder masa muscular y amplitud de movimiento.
El especialista, a través de su perfil de Instagram, explica que los músculos pueden perder capacidad para trabajar en determinadas posiciones si dejamos de utilizarlas. Por ejemplo, cuenta que alguien acostumbrado a sentarse en una silla puede encontrar dificultades para ponerse en cuclillas si lleva años sin practicar ese movimiento.
Los cinco ejercicios que recomienda Marcos Flórez para mejorar la movilidad
Flórez propone combinar ejercicios de fuerza con movimientos amplios y controlados para recuperar parte de esa capacidad. Entre sus recomendaciones aparecen las sentadillas y las zancadas, destinadas principalmente a trabajar los cuádriceps, pero también habla de las elevaciones y extensiones de cadera con resistencia para fortalecer los glúteos.
La rutina también contempla, por ejemplo, las rotaciones de tronco manteniendo la posición final entre tres y seis segundos, así como el press con mancuernas para trabajar hombros y pectorales. Además, también recomienda los jalones en polea alta para completar su selección, ya que permite ejercitar la musculatura de la espalda mientras se trabaja dentro de un recorrido articular que podamos controlar.
Así, otra de sus propuestas es incorporar contracciones isométricas cerca del final del recorrido muscular. Este trabajo permite generar tensión sin desplazar la articulación y, además, puede complementar los ejercicios tradicionales. De esta forma, Flórez plantea realizar 6 repeticiones de 6 segundos con una contracción suave evitando movimientos bruscos y sin buscar posiciones que provoquen dolor.
Por último, el entrenador recomienda realizar un pequeño calentamiento y evitar los estiramientos forzados o con rebotes antes de comenzar. Sin embargo, también podemos aprovechar actividades habituales como subir escaleras o ponernos de puntillas para mantenernos activos. El objetivo, por tanto, no consiste en alcanzar una flexibilidad extraordinaria, sino en ganar fuerza y recuperar progresivamente movimientos que faciliten nuestra autonomía.
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Marcos Flórez, entrenador: “Después de los 50, la falta de ejercicio nos hace perder músculo y movilidad, pero podemos recuperarlos con estos movimientos”
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