Cuando un padre o una madre necesita cuidados, compaginar su atención con el trabajo puede resultar difícil. Si se acaba dependiendo de sus ingresos, su muerte deja, además del duelo, la preocupación de cómo llegar a fin de mes. A pesar de ello, conviene recordar la protección que existe para algunas de estas personas.
Se trata de la pensión en favor de familiares, a la que pueden acceder hijos mayores de 45 años que cuidaron de sus padres y estaban a su cargo. Es una prestación que ya existía y que puede cobrarse de por vida, mientras se mantengan las condiciones que permiten recibirla, no basta simplemente con haber cuidado al progenitor durante dos años.
Quién puede solicitar esta pensión
Los requisitos de la Seguridad Social se refieren tanto a la persona fallecida como a quien solicita la pensión. El padre o la madre debía cobrar una pensión contributiva de jubilación o incapacidad permanente, o reunir al fallecer las condiciones para que se le reconociera. Si aún no tenía reconocida la incapacidad permanente, su expediente debía estar pendiente de resolución.
El hijo o la hija debe estar soltero, viudo, separado judicialmente o divorciado y acreditar dedicación prolongada al cuidado. También debe haber convivido con el progenitor y dependido económicamente de él durante, al menos, los dos años anteriores a su muerte. Hay una excepción recogida en la misma ficha oficial: si el familiar con quien convivía murió dentro de esos dos años, la convivencia y la dependencia económica se cuentan desde aquel fallecimiento.
A esas condiciones se añade no tener derecho a otra pensión pública ni disponer de recursos suficientes para mantenerse. Tampoco puede haber familiares con obligación legal y posibilidades de cubrir su sustento. El límite de ingresos que señala la Seguridad Social es el salario mínimo interprofesional, que en 2026 está fijado en 17.094 euros al año, según el real decreto publicado en el BOE.
Cuánto se cobra y cómo solicitarla
La cantidad que se cobra depende de cada caso. Como norma general, corresponde el 20% de la base reguladora del fallecido, una referencia de cálculo que no equivale necesariamente a la pensión que ingresaba cada mes. La información oficial sobre el importe recoge también cuantías mínimas y posibles incrementos para determinados supuestos.
Aunque pueda mantenerse de por vida, hay cambios que afectan a su cobro. Casarse, por ejemplo, es una de las causas de extinción de esta pensión. Quien la recibe debe comunicar los cambios económicos o familiares a la Seguridad Social para que se valore si puede seguir percibiéndola.
Para solicitarla no hay una fecha límite, aunque dejar pasar el tiempo puede hacer que se pierdan mensualidades. El procedimiento de la Seguridad Social establece que, si se pide después de los tres primeros meses desde el fallecimiento, solo pueden recuperarse hasta tres meses anteriores a la solicitud. Si se presenta dentro de esos tres primeros meses y el padre o la madre era pensionista, se cobra desde el primer día del mes siguiente al de su muerte.
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La Seguridad Social tiene previsto conceder una pensión de por vida a los hijos mayores de 45 años que hayan cuidado de sus padres durante los dos años previos a su fallecimiento
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La ensaladilla rusa es uno de esos platos que todos conocemos y creemos saber hacer sin problemas. Pero no es tan fácil como parece, y el consejo más repetido por los chefs para hacer la mejor sensaladilla es un gesto tan pequeño como escurrir bien la lata de atún antes de mezclarla con la patata y la mayonesa.
Eva Arguiñano, Karlos Arguiñano y Martín Berasategui son algunos de los cocineros que han hablado sobre la receta y explicado algunos de los errores que conviene evitar. Además, algunos de los consejos tienen una explicación científica que demuestra su veracidad.
Un consejo que nace en una ensalada sin patata
El error que señalan estos cocineros es echar el atún directamente de la lata, con todo su aceite, porque la mayonesa acaba quedando densa y pesada y la ensaladilla pierde frescura. La solución que proponen es sencilla: presionar el atún con un tenedor para quitarle el aceite, desmigarlo y sólo entonces juntarlo con el resto de ingredientes.
Una de las primeras en hablar de ello fue Eva Arguiñano en un vídeo de 2021 del canal Cocina Abierta, en el que prepara una ensalada de atún sin patata, sin guisantes y sin zanahoria. La cocinera insiste en ir “quitándole bien todo el aceite” al atún y en poner muy poca mayonesa, la justa para ligar los ingredientes.
Martín Berasategui ha apuntaado en una dirección parecida triturando parte del atún con la mayonesa y unas anchoas para que haga de salsa, algo que se vio en un programa de Robin Food en 2013, algo que ya te explicaron nuestros compañeros de Directo al Paladar. Karlos Arguiñano, por su parte, aparece defendiendo la mayonesa casera con huevo, aceite de oliva, vinagre y sal, y aligerarla con un poco de yogur natural si la quieres más suave.
Qué te quitas al escurrir la lata
¿Y qué cambia para tu salud con solo escurrir el aceite de la lata? Pues sobre todo la cantidad de grasa y de calorías que acaba en el plato. En Vitónica ya repasamos las ventajas e inconvenientes del atún al natural y en aceite, y la conclusión era que el primero aporta menos grasa y calorías, mientras que el segundo, sobre todo si es de oliva, conserva mejor la textura y el sabor.
Por lo tanto, escurrir bien la lata no sólo ayuda a que la mayonesa no quede pesada, sino que evita sumar una grasa extra a un plato que ya lleva la de la propia salsa, algo que tiene sentido si estás cuidando las calorías. Pero lo que más hay que vigilar sigue siendo la cantidad de mayonesa, y ahí tanto Eva Arguiñano como su padre coinciden en no bañar la ensaladilla en salsa.
La patata fría, mejor que recién cocida
Hay otro detalle de la receta que interesa a partir de cierta edad, y tiene que ver con la patata. Un estudio de la Universidad de Lund comparó en 13 personas sanas la respuesta a patatas recién hervidas y a patatas guardadas en frío, y vio que el almidón resistente pasaba del 3,3% al 5,2% al enfriarlas. Y cuando además se aliñaban con vinagre y aceite de oliva, el índice glucémico bajaba un 43% y el insulinémico un 31% frente a las recién hechas.
Vamos, que la patata enfriada de la ensaladilla eleva el azúcar en sangre más despacio que la recién cocida, algo que ya contábamos al explicar por qué conviene preferir las patatas en ensalada y no en puré. Pero se trata de un estudio pequeño y hecho con personas sanas, por lo que no hay que leerlo como un tratamiento, y si tienes diabetes lo sensato es hablarlo con tu médico o con tu nutricionista.
La nevera, el gran debate
Y aquí llega la parte en la que los cocineros no se ponen de acuerdo. Dani García defiende que la ensaladilla no toque la nevera porque el frío apaga los sabores y las textura, aunque conviene recordar que con mayonesa casera conviene comerla cuanto antes.
Para quien ya ha cumplido los 65 esa advertencia pesa bastante más. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, con la edad el sistema inmunitario y los órganos reconocen y eliminan peor los gérmenes, y casi la mitad de los mayores de 65 años con una intoxicación alimentaria confirmada en laboratorio acaba en el hospital.
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En Vitónica | Esto ocurre en tu cuerpo cuando comes ensaladilla rusa
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Los chefs vascos coinciden: el error más frecuente al hacer la ensaladilla rusa perfecta está en dejar parte del aceite del atún en la mezcla
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Las lentejas con verduras pueden resolver una comida de diario sin que haya que buscar un trozo de chorizo en la nevera. Para que apetezcan tanto como las de siempre, Martín Berasategui recurre a un acabado muy sencillo: un refrito de ajo y pimentón que se incorpora al guiso. Un recurso fácil de llevar a casa, especialmente si las lentejas suelen salir correctas, pero algo sosas.
El cocinero preparó este plato en el programa Robin Food, junto a David de Jorge. En el programa se recupera una receta con una idea muy práctica para las comidas de diario: cocer las lentejas con las verduras y reservar el refrito para el final.
La base lleva zanahoria, cebolleta y puerro muy picados. Para el refrito se utilizan dos dientes de ajo, aceite de oliva y pimentón de la Vera. No lleva chorizo ni pimiento, aunque este último puede seguir formando parte de tus lentejas si te gusta: su ausencia en esta receta no obliga a retirarlo de las demás.
Para preparar ese acabado en casa, conviene tenerlo todo a mano antes de calentar la sartén. Primero se aromatiza el aceite con los ajos y después se incorpora el pimentón brevemente, evitando que se queme. El refrito se mezcla con las lentejas con suavidad, cuando ya están cocidas. Es el paso que merece un poco de atención, porque se hace rápido y puede estropearse si el pimentón se tuesta demasiado.
Con el sabor resuelto, se puede ajustar también la textura del guiso. Si apetece un caldo con más cuerpo, hay una alternativa cómoda a picar todas las verduras: cocerlas enteras y triturarlas después. En las lentejas estofadas con verduras que han hecho nuestros compañeros de Directo al Paladar se sigue ese procedimiento: las hortalizas se baten con un poco del líquido y se devuelven a la olla. Así queda un caldo más cremoso, con las lentejas enteras.
Tener una versión con verduras que apetezca repetir facilita comer legumbres más a menudo. Además, encaja con una recomendación bastante práctica: más legumbres y menos carne procesada.
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Martín Berasategui, chef: “Las lentejas más ricas no llevan chorizo, llevan un refrito de 2 ajos y pimentón”
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A Helen Mirren también le da pereza hacer ejercicio. Lo reconoció en una entrevista con Vogue, donde explicaba un detalle que a muchos les puede resultar bastante familiar: a veces lo evita y, pasado un tiempo, vuelve a ponerse.
Pero si hay una rutina con la que siempre intenta ser constante es esta: el XBX de la Fuerza Aérea Canadiense, una rutina de 12 minutos sin aparatos a la que lleva décadas recurriendo.
La actriz explicaba que empieza con ejercicios muy sencillos y va complicándose conforme se avanza. “Nunca he pasado del segundo nivel”, admitía. Y añadía: “Soy increíblemente perezosa y, si puedo evitarlo, lo hago”. Después contaba que de vez en cuando retoma el ejercicio y hace lo que sabe que le funciona.
El programa permite empezar en casa, con un poco de espacio para moverse. Su manual original de ejercicios contiene cuatro tablas de dificultad creciente, divididas a su vez en niveles. Al avanzar se hacen más repeticiones o variantes más exigentes, mientras el tiempo de la sesión sigue siendo el mismo.
En la primera sesión se dedican dos minutos a los cuatro movimientos iniciales: flexionar el cuerpo hacia los pies, levantar las rodillas, inclinar el tronco hacia los lados y hacer círculos con los brazos. A continuación se pasa al suelo para los abdominales parciales y las elevaciones de pecho y piernas. También se hacen elevaciones laterales de piernas, flexiones con las rodillas apoyadas y elevaciones alternas de piernas tumbada boca arriba. Los tres minutos finales se reservan para correr en el sitio con pequeños saltos.
Aunque 12 minutos no es mucho tiempo, interesa saber que la actividad puede repartirse durante el día, integrando pequeños ratos de ejercicio entre otras tareas. Eso permite buscar un hueco sin esperar a tener una hora libre, pero el tipo de ejercicio y su intensidad deben ajustarse a cada persona.
Si el problema es que cuesta tumbarse en el suelo o levantarse después, hay otras opciones. El servicio público de salud británico (NHS, por sus siglas en inglés) propone ejercicios de fuerza en casa como levantarse despacio de una silla estable y hacer flexiones contra la pared. Recomienda empezar poco a poco e ir aumentando las repeticiones con el tiempo. Se puede trabajar sin tener que reproducir todos los movimientos del viejo manual.
Esos ratos de fuerza pueden combinarse con paseos. Para mayores de 65 años, lo recomendable son al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o 75 de vigorosa, además de fuerza al menos dos días y actividades de equilibrio.
Al caminar, una forma sencilla de orientarse es comprobar la respiración: a intensidad moderada puedes hablar, pero cantar ya cuesta. También es aconsejable consultar antes de empezar si llevas tiempo sin hacer ejercicio o tienes problemas de salud.
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En Vitónica | Marcos Apud, psicólogo: “Dormir con el estómago vacío es uno de los hábitos que más impacta en la calidad de vida”
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Helen Mirren, 81 años: “Desde hace años sigo esta rutina de ejercicios de 12 minutos, no es nada extremo pero requiere constancia”
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Hay noches en las que la cena y el pijama llegan prácticamente a la vez. Se alarga el trabajo, quedan cosas por recoger y, cuando aparece el plato en la mesa, la cama ya está haciendo ojitos. El psicólogo Marcos Apud propone separar esos dos momentos: “Dormir con el estómago vacío es uno de los hábitos con mayor impacto en la calidad de vida”.
La idea no es dejar de cenar, sino dejar margen suficiente entre la cena y el momento de acostarse. “Hay que comer tres horas antes de acostarse”, detalla el experto en una entrevista a La Nación.
La cena es una solo una pequeña pieza dentro de una propuesta personal más amplia. El psicólogo llama “hacks” a pequeños cambios con los que está buscando mejorar su bienestar a través del biohacking: el ayuno, las duchas frías y reducir la luz azul al anochecer son algunas de las estrategias que está siguiendo.
Entre sus recomendaciones también está la de bajar gradualmente la exposición a la luz, tal como explica en la entrevista. Su objetivo es llegar a la cama con menos estímulos ya que cuidar el descanso tiene consecuencias más allá del bostezo: el sueño participa en el funcionamiento de las defensas y ayuda al aprendizaje y la memoria.
Para la cena, las guías médicas aconsejan evitar comidas abundantes cerca de acostarse y permiten un tentempié ligero, respaldando lo comentado por el psicólogo. Adelantar el plato deja espacio para bajar las luces y recoger la cocina, sin tener que esperar al sueño mientras suenan las tripas.
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Marcos Apud, psicólogo: “Dormir con el estómago vacío es uno de los hábitos que más impacta en la calidad de vida”
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A los 50, estar en forma también se nota al levantarse de una silla sin darse impulso con las manos o al ponerse un pantalón de pie y sin buscar dónde agarrarse. Son movimientos tan cotidianos que rara vez pensamos en ellos hasta que empiezan a costar. Saber cuántas veces podemos levantarnos o cuánto aguantamos sobre una pierna ayuda a prestarles atención, aunque el resultado no tenga por qué ser el mismo para todo el mundo.
La entrenadora Alessandra Moreira Reis, especializada en ejercicio para personas mayores, sitúa una referencia práctica en levantarse y sentarse 15 veces durante 30 segundos. Tal como explica a El Diario, el equilibrio sobre una pierna durante al menos 37 segundos y la caminata de seis minutos también sirven para valorar la condición física.
Levantarse y sentarse de una silla durante 30 segundos
Moreira habla de hacer “al menos 15 sentadillas”, aunque en este caso se utiliza una silla. Ella misma cuenta que ha trabajado con personas de 50 años que todavía no podían alcanzar esa cifra. La prueba permite observar la fuerza y resistencia de las piernas con un movimiento muy familiar: ponerse de pie y volver a sentarse en una silla.
Para hacerlo correctamente debermos tener los dos pies apoyados en el suelo y brazos cruzados sobre el pecho, sin usarlos para impulsarse. Hay que levantarse completamente y volver a sentarse, contando las repeticiones durante medio minuto, con alguien al lado por seguridad.
El equilibrio sobre una pierna
Sostener el peso sobre una sola pierna se parece bastante al gesto de vestirse de pie. Los 37 segundos son una referencia estandarizada como promedio entre los 50 y los 59 años, tanto para hombres como para mujeres.
Para probarlo, se mantienen los ojos abiertos y las manos en las caderas. El cronómetro empieza al despegar un pie del suelo y se detiene al volver a apoyarlo o retirar las manos. Se aconseja hacerlo acompañado, con espacio alrededor y calzado adecuado. Si aparece inestabilidad o malestar, se termina: no merece la pena arriesgar una caída por aguantar unos segundos más.
Kenton Kaufman, investigador y director del Laboratorio de Análisis del Movimiento en Mayo Clinic, considera que sostenerse 30 segundos ya es un buen resultado. “El equilibrio es complicado. Implica muchos sistemas diferentes”, explica el experto. Es otra orientación profesional, que ayuda a entender por qué conviene fijarse en esta capacidad aunque caminar o levantar peso se nos dé bien.
Caminar seis minutos y medir la distancia
En la caminata, seis minutos es la duración: el resultado depende de cuánto se recorre. Aunque lo primordial es ver si somos capaces de caminar seis minutos seguidos a nuestro ritmo sin tener la necesidad de parar, si queremos saber en qué condiciones estamos interesará observar la distancia recorrida en ese tiempo y ver cómo toleramos el esfuerzo.
Qué hacer si alguna prueba cuesta
Moreira recuerda a una alumna de 88 años que necesitaba ayuda para levantarse de una silla. “Ahora es capaz, tiene más independencia, camina más rápido, ya no necesita su andador”, cuenta. La mejora se nota precisamente en esos movimientos que antes le costaban y que vuelve a hacer por su cuenta.
Para trabajar la fuerza se pueden utilizar bandas elásticas o el propio peso corporal, además de las pesas. Se puede avanzar poco a poco, aunque si llevas tiempo sin hacer ejercicio o tienes alguna enfermedad, conviene consultar qué actividad e intensidad encajan contigo.
El primer avance puede ser levantarse con menos ayuda o caminar un poco más con comodidad. Después habrá tiempo de repetir la prueba en las mismas condiciones y comprobar qué ha cambiado.
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Los entrenadores coinciden: “Una mujer de 50 años debería poder completar al menos 15 sentadillas en 30 segundos, aguantar sobre una pierna 37 segundos y poder caminar durante 6 minutos sin parar”
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Seguro que más de una vez has visto a personas que caminan con las manos en la espalda y la mirada perdida, como si estuviera pensando en algo, y puede incluso que tú suelas hacerlo. Según el psicólogo Rodrigo Pérez, suele ser un gesto inconsciente que, en teoría, diría bastante de cómo tienes la cabeza en ese momento.
Caminar en esta postura puede ser una señal de concentración e introspección, una especie de pausa mental frente a tanto estímulo, pudiendo ser más habitual en personas mayores, profesores, investigadores y quienes manejan mucha información en su trabajo. Según el contexto, también podría proyectar autoridad y confianza.
Y luego, el resto del cuerpo puede cambiar o matizar el mensaje. Si quien camina así lleva la cabeza gacha y la mirada en el suelo, apuntaría más bien a inseguridad, si se sujeta una muñeca o el antebrazo sería un intento de autocontrol y, si encima da zancadas muy largas, podría transmitir cierta arrogancia. Pero esto también depende de la cultura y de cada persona.
Mucho experto y poco laboratorio
El propio Pérez, experto en comunicación no verbal, relacionaba en 2025 el gesto con autoridad, reflexión y calma. También advertía de que en una situación formal puede interpretarse como desinterés o como una relajación excesiva.
Un año antes antes, la psicóloga Sonia Castro lo interpretaba en como una muestra de confianza, porque deja expuestas zonas vulnerables del cuerpo, mientras que el formador en oratoria Nacho Tellez avisaba de que, acompañado de la barbilla alta o de pasos muy largos, puede pasar por arrogancia, y por eso aconsejaba no abusar de él en una entrevista de trabajo o en una charla. En algunas culturas, además, juntar las manos atrás se lee como respeto o humildad ante alguien con autoridad.
Todo esto son lecturas que salen de la experiencia de quien se dedica a observar a la gente, pero ninguna llega acompañada de un experimento que ponga a prueba estas interpretaciones. Vamos, que pueden tener su lógica, pero la psicología no las ha medido, y conviene tenerlo presente porque leer posturas ha resultado ser bastante más resbaladizo de lo que parecía.
El caso más sonado es el de las posturas de poder, que prometían cambios hormonales por quedarse un par de minutos en pose de superhéroe. La idea se vino abajo cuando un equipo de la Universidad de Zúrich y la Stockholm School of Economics repitió el experimento en 2015 con muchos más participantes y no encontró efecto ni en las hormonas ni en la forma de asumir riesgos.
Lo que caminar sí hace por tu cabeza
Donde hay bastante más evidencia es en el paseo en sí, pongas las manos donde las pongas. En el trabajo de Oppezzo y Schwartz, de las universidades de Santa Clara y Stanford, un experimento demostró que entre el 81% y el 100% de los participantes tenían ideas más creativas cuando caminaban que cuando estaban sentadas.
Y es que el efecto parece venir del propio acto de andar, porque daba igual hacerlo por la calle o en una cinta. Estos resultados eran siempre mejores que los de los participantes que se dejaron empujar al aire libre en una silla de ruedas. Además, el efecto duraba un rato después de sentarse, aunque en las tareas con una única respuesta correcta quienes caminaban quedaron ligeramente por detrás, así que donde más ayuda el paseo es a que se te ocurran ideas nuevas.
Los brazos no van de adorno
Cuando caminas con las manos a la espalda dejas de bracear, y eso tiene su precio. Según un trabajo publicado en la revista de biología de la Royal Society y recogido por Scientific American, caminar con los brazos sujetos a los costados exige alrededor de un 12% más de energía que hacerlo balanceándolos con libertad.
Otro estudio de 2009 en el Journal of Experimental Biology, con sólo seis voluntarios y los brazos cruzados sobre el pecho, no encontró diferencias significativas, y ninguno de los dos probó exactamente la postura de las manos atrás. En cualquier caso, que el braceo cumple su función al moverse es algo que ya contábamos en 2020 al explicar la importancia del braceo al correr.
Pero donde los brazos se notan de verdad es cuando el suelo te juega una mala pasada. Una investigación de la Universidad de Arizona comparó cómo reaccionaban ante un resbalón adultos de 26 y de 72 años de media, y los mayores movieron los brazos un 58% más despacio, cuando una diferencia de apenas una veinticincoava parte de segundo suponía unos 2,5 centímetros más de desplazamiento lateral del cuerpo.
Su autor principal, el profesor de fisioterapia Jonathan Lee-Confer, plantea fortalecer los brazos dentro de la prevención de caídas y quiere probar ejercicios de elevaciones laterales con mancuernas. Lamentablemente, en ninguno de estos experimentos se ha probado el efecto de caminar con los brazos por detrás.
Pero de todo esto sacamos que si sales a pasear por un camino llano y tranquilo, llevar las manos atrás puede ayudarte a pensar mejor. Sin embargo, en terrenos irregulares, escaleras o con el suelo mojado, es mejor llevar las manos libres para ayudarte en caso de caída.
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En Vitónica | Los expertos llevan años estudiando cómo mejorar nuestra postura y han encontrado por fin la solución: caminar marcha atrás
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La psicología apunta a que las personas que caminan con las manos a la espalda no lo hacen por bienestar, sino por reflexión y calma
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Hay días en los que apetece elegir los ingredientes y cocinar algo rico, y otros en los que el día se nos tuerce e intentamos resolver la comida con lo primero que hay a mano. Virginia Woolf lo resumió muy bien en esta frase: “No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no se ha comido bien”. Leyéndola, dan ganas de sentarse a comer con un poco menos de prisa.
La reflexión aparece en ‘Una habitación propia’, publicado en 1929. Casi un siglo después, resulta fácil reconocer ese gusto por una comida que se disfruta tanto por lo que hay en el plato como por la compañía. Aunque Woolf hablaba también de algo que iba más allá de la cocina: las oportunidades de las mujeres para escribir.
En el primer capítulo del ensayo, Woolf cuenta dos comidas muy diferentes. En un colegio universitario masculino, la narradora disfruta de un almuerzo generoso, acompañado de vino y una conversación agradable. Después llega la cena en un colegio femenino, mucho más austera. Allí la charla pierde fuelle por un momento, y es entonces cuando aparece la célebre frase.
Aquellas comidas ayudan a entender por qué Woolf reclamaba dinero y una habitación propia para que una mujer pudiera escribir. La cena del colegio femenino era suficiente, como reconoce el propio texto, pero quedaba muy lejos del despliegue del almuerzo. Detrás de cada menú estaban los medios de los que disponía cada institución y las posibilidades que ofrecía a sus estudiantes.
Del almuerzo sale también otra frase que apetece recordar: “No hay necesidad de apresurarse. No hay necesidad de deslumbrar. No hay necesidad de ser nadie más que uno mismo”. La narradora describe la comodidad de estar entre otras personas, con la conversación fluyendo sin esfuerzo.
Esa escena tiene algo de las comidas que se alargan porque nadie tiene ganas de levantarse todavía. En casa, comer a gusto puede empezar mucho antes de la sobremesa, al escoger los ingredientes o preparar un plato que apetece. También hay cariño en preparar algo para otra persona y sentarse a compartirlo, sin que haga falta organizar una celebración.
Claro que, para disfrutar de la comida, primero hay que poder acceder a ella. Hoy, 16 de octubre, es el Día Mundial de la Alimentación. Esta fecha recuerda la necesidad de que todas las personas tengan alimentos nutritivos a su alcance y puedan pagarlos.
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La frase del día, viernes 16 de octubre: “No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no se ha comido bien”, Virginia Woolf
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En este vídeo exploramos la idea de la mente hambrienta: la curiosidad intelectual como tercer gran pilar del aprendizaje, junto …
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El papa León XIV se recupera de la operación de pulmón a la que se sometió el 13 de octubre en el hospital Gemelli de Roma. La intervención terminó sin complicaciones y el análisis confirmó un adenocarcinoma pulmonar. Según el parte médico recogido por Vatican News, le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica videoasistida.
“El papa ha salvado su vida gracias a sus hábitos y costumbres sanas”, afirma el cardiólogo Manuel de la Peña en una conversación con AS. Es su valoración del caso, pero cuidarse no garantiza superar un cáncer. Que la operación haya salido bien tampoco demuestra que los hábitos expliquen su resultado.
En este caso, el nódulo se había detectado durante unas revisiones médicas. El propio pontífice explicó el 11 de octubre que estaba en una fase muy temprana y bien localizado. Además de esa detección, De la Peña destaca la vida activa del papa: camina a diario y hace ejercicio, cuida su alimentación y dedica tiempo a la música, al canto y a la meditación. También menciona su sentido de propósito.
Son costumbres que resultan bastante familiares, empezando por esa vuelta al barrio a la que a veces le gana la partida el sofá. La Organización Mundial de la Salud recuerda que toda actividad cuenta y que moverse con regularidad beneficia a la salud física y mental. Un trayecto a pie también suma, aunque no termine con una marca que enseñar en el reloj.
De la Peña también se detiene en sus aficiones y en la meditación. “Estas características son el denominador común de las personas centenarias”, sostiene. El cardiólogo las vincula con la longevidad, aunque su descripción no permite saber cuánto influye cada una ni predecir cuántos años vivirá alguien.
Mientras tanto, León XIV continúa su recuperación. El boletín del 15 de octubre informa de una evolución posoperatoria normal: realiza sus actividades cotidianas de forma autónoma y ha participado en una sesión de fisioterapia.
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En Vitónica | Willem Dafoe, actor, 71 años: “Nunca soy más feliz que cuando friego los platos y pongo a dormir a los animales de mi granja”
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Manuel de la Peña, experto en longevidad: “El papa ha salvado su vida gracias a sus hábitos y sanas costumbres”
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